1 feb. 2011

Uh uh uuuuh

¿No lo notas? ¿No lo ves? Aquí llega. Es un estruendo como de un millón de pájaros levantando el vuelo al mismo tiempo. Una avalancha de energía que se precipita sobre nosotros arroyándonos. No puedo detenerla, tú tampoco, nadie puede. El instinto animal se revela contra nosotros y nos inspira a gritar. Un grito sin articulación, sin sentido, primigenio, sin traducción, internacional, instintivo, salvaje, natural, perfecto. No hay señal más clara, interpretación más básica ni mensaje más fácil. ¿Pero aún sigues aquí? Sal corriendo! Trepa por las fachadas, saluda con tu cuerpo al sol y araña la cara de los que aún duermen. Y si no hay despertar, si nunca sienten la llamada, será que están sordos. Con tu mirada la realidad se queda ahí, arrogante e impasible en su lugar, pero cada vez que el aire vibra te toca en tu oído, tu mejilla y mucho más profundo. Aún no lo oyes? Sigues intentando verlo? Los tambores siguen vibrando, siempre lo han hecho, ¿pero hasta cuándo?. Sigue su compás, encuentra la senda que te indican hacia tu propia destrucción. En este viaje no hay cargas, no hay paradas, no hay un final que podamos controlar; sólo hay un cielo infinito, de colores tan intensos que parecen pintados y fundidos con el suelo sin marcar el horizonte. La oportunidad es nuestra, de todos...yo por mi parte ya noto como se me agudizan los sentidos.

27 dic. 2010

Descarga de insulina

No tengo ni puñetera idea de que significa insulina. Pero sí que me apetecía oir el ruido de las teclas del "viejo" ordenador de casa repiquetear al son de mis dedos mientras los Doors me insuflan una pequeña porción de energía psíquica. Energía que fluye entre acorde y acorde para expandir el conocimiento y dirigir mis palabras al sinsentido que menos me importa. No quiero decir nada, no me apetece decir nada. No quiero sentir ni expresar, sólo escribir. Hacer una experiencia vacía que me llene y me vacíe. Menuda imbecilidad, ¿verdad?. Pero siento los dedos como se mueven, cierro los ojos y ellos siguen tecleando al ritmo de la canción. No importa qué esta ocurriendo en la pantalla. No importa que el mensaje final no tenga sentido. no importa que lo que venga no lo entienda nadie. No lo entenderé ni yo pero el momento de sentir a toda pastilla la huella dactilar recorriendo el teclado, haciendo su música, su compás, merece la pena. Creo que los surrealistas hacian esto, pero incluso con algo de sentido, con escritura automática. Bueno quién sabe, querían encontrar lo que había oculto en el subconsciente matando con la velocidad el consciente. O como se llame. Yo soy muy consciente. Sólo quiero escribir. ¿Y porqué darle algo más de significado a las cosas que no lo tienen? Por qué divinizar lo que no lo es? Porqué queremos ver la poesía, la belleza, el arte en donde no lo hay?. Será que otros lo pueden ver con otros ojos. Pero a veces me resulta tan banal. Y resultas tan maleducado si expresas abiertamente que la última gran revelacion te parece una enorme gilipollez. A veces no se expresa nada. A veces no hay un mensaje subyacente. A lo mejor hay cosas que son porque sí, por el puro entretenimiento de hacerlas y el entretenimiento de observar al observador observando lo creado. Atentos al trabalenguas. Trabalenguas que me hago yo mismo pero que disfruto mientras los dedos terminan su frenético ritmo, la canción llega a su fin. Creo que ahora toca releer lo que he hecho. Intentaré publicarlo, poco me importa su contenido. El proceso ha sido rápido y productivo.Y divertido. Llega la publicidad

http://www.youtube.com/watch?v=K3CHi_9sxj0

13 dic. 2010

Puñal al aire, a ver quien lo coge

Me paso el día con alguna canción rondándome la cabeza. Siempre estoy tarareando algo, intentando recordar quién era el artista que compuso tal cosa u otra; incluso me intriga el hilo musical del ascensor y, si no lo conozco, investigo quién carajo pensó en algo tan genial. Busco, escucho, recuerdo. El único punto de mi vida que tiene algo de orden es la carpeta “Música” de mi ordenador. El único sitio que guarda orden alfabético y en el que mi latente síndrome de Diógenes no invade el espacio vital de los demás. Por si no ha quedado claro, adoro la música. La adoro, no puedo pasar un día sin ella. Mi madre toca el piano y yo dejé de tocarlo de pequeño porque era (aún más) imbécil. Un poco más crecidito, mis amigos empezaron con una banda (o un conjunto como diría la arriba mencionada) y ya el tema común de conversación no podía ser otro. Siempre: música.

En este Erasmus he hablado más que nunca sobre arquitectura. He aprendido más que nunca sobre lo que se supone que va a ser mi profesión y sin embargo me apetecía seguir creciendo por otro camino. He echado de menos hablar sobre las novedades del mercado, sobre los clásicos y las evoluciones de los estilos. Las influencias, los cambios, los éxitos, los fracasos que para nosotros son un éxito y las exquisiteces que cada uno de nosotros puede aportar a los demás. Los conciertos, los festivales, los grupos, los bares. De pocas cosas me siento más orgulloso que de mis amigos músicos. Aparte de por lo que les aprecio como amigos, por el torrente de sangre que sus acordes bombean a mi cerebro. Siento desde la grada sus nervios, sus ilusiones, sus alegrías y sus ganas de expresar algo. Ganas de expresar algo que, por ser quienes son, muchas veces sé qué es. Sabré qué cuentan con su música incluso aunque uno acabe tocando en la orquesta Mondragón, otro con Chayanne, y otro con el mismo Jimi Hendrix clonado y resucitado.

Hoy he empezado a hacerme una lista de reproducción y he tenido que borrar la mitad según la iba escuchando. He acabado tan harto que al final he quitado la música. Supongo que será morriña, no lo sé, pero el hecho es que por una vez no me apetecía escuchar nada. No es que cada canción, cada estrofa, pueda recordarme a un momento separado (que también). La música tiene el poder de hacernos recordar cosas increíbles, como lo fueron las 16 horas de carretera con sus 16 horas de música de la mano del gran Vila para llegar hasta Bélgica sanos y salvos. No era eso. Todas me recordaban a una persona. Uno de esos amigos que cuentas con los dedos de una mano y que siento como cada día me da un poco más la espalda. Cada canción me hace dudar entre llamarle otra vez o mandarle a buscar setas al Everest. Cada canción me da un punto de vista distinto y aún no sé que decir. No es que esté en todas ellas. Dudo que algunas las haya escuchado nunca (es un oldie, un clásico, un rock star al más estilo Lebowsky) pero empiezo a sospechar que últimamente le tengo demasiado metido en mi cabeza. Supongo que tendrá sus razones, que algo he malinterpretado y que toda la mierda que se cuece en Valladolid sólo me ha salpicado por cercanía… O lejanía. Él tiene su guitarra para expresarse, yo un teclado de ordenador. Él no dice ni mu, yo suelto indirectas muy directas.

Ay la Navidad, momento de reencuentros. Y tío, ya está bien.

25 nov. 2010

Incluso los gatos miran por la ventana

¿Reconoces ese momento cuando, sin saber por qué, sabes que te falta algo? Pues a mi me pasa. Hecho de menos al ratón. El ratón que durante dos meses ha sido nuestro digno ocupa, escapando a trampas, venenos y escobazos, ayer apareció muerto. Bueno, ni siquiera eso, aún respiraba cuando lo metimos en una bolsa. Creo que es la primera vez que mato algo más grande que una mosca y, ahora que estoy perdiendo el tiempo soberanamente en el salón, noto diferente la estancia sin estar alerta a que salga el pequeño invasor. Echo de menos a mi invasor, mi pequeño entretenimiento nocturno.

Y sí, he ido a Venecia, celebré mi cumpleaños en casa y mis vecinos, posibles exconvictos, ahora me odian...pero me apetece hablar del puñetero ratón. La primera vez que lo ví me sorprendió. Con mi sorpresa él se espantó y volvió a esconderse debajo de la cocina. Con el tiempo sus hábitos se volvieron más raros. O bien aparecia cuando yo me iba, o bien se recorría el salón sin importarle un pepino que yo estuviera ahi. ¿Era el mismo o tiene a sus parientes alojados también en los entresijos de la cocina? ¿Hemos dejado a ratones huérfanos o sin herencia? ¿Era nuestro ratón un llanero solitario? Sea como sea, era mi (o nuestro) ratón y ahora está muerto. Era lo que había que hacer, es antihigiénico y realmente no invita a las visitas, pero siento con respeto su muerte.

¿Sobreactuando por un animal de lo más común? Bueno, sí. Un animal muerto es un animal muerto al fin y al cabo. Y este casi casi era una mascota. Podría darle mil vueltas al asunto, buscarle la poesía a la muerte del ratón. Podría dignificarlo tanto que llegue al ridículo. Sin embargo la imágen del animalillo muerto me recordó a un momento en Berlín y por eso para mí es importante. Era nuestro último día haciendo el guiri en la ciudad. Intentábamos llegar a la National Gallery, pero por el camino nos colamos en un patio en el que no sabíamos qué había. Era un sitio agradable, con un par de árboles, una estatua y uno de esos silencios ruidosos que te indican que alguien vive ahi. Literalmente lo vimos caer. No sabíamos cual era la historia del gorrión, ni porqué había llegado ahí ante nosotros. No podíamos hacer nada por él. Lo dejamos respirando en el suelo. No sabía si dibujarlo, fotografiarlo o grabarlo en mi memoria.

La historia del ratón me ha recordado la historia de Berlín. Y ambas historias me recuerdan a esta tira de calvin & hobbes que lei una vez y me hizo temblar. Y aún me hace temblar.

22 oct. 2010

And end has a start

Voy a volver a España durante unas horas, apenas un día, y casi me espero ya encontrarme con un holocausto nuclear, una ciudad en ruinas, una ciudad distinta de la que guarda mis secretos de niñez, como si no los volviera a encontrar. Vamos, como en una canción de M-Clan. Mes y medio, manda huevos. He huido tanto de los españoles aquí en Amberes (me falta poder esconderme de mi compañero de piso, pero no da para tanto el sitio), que casi creía haberme olvidado de Valladolid. Otra estupidez de mi parte, claro.

Está siendo fácil adaptarse, y la estrategia está siendo la de convivir con cualquiera que no hable mi idioma. ¡Habla inglés hasta el tio de seguridad de la escuela! ¡ El de seguridad! ¡Si el conserje de Valladolid apenas puede con el castellano! Supongo que quizás al final lo lamentaré porque los que conozca me quedarán luego muy lejos... Pero españoles ya conozco bastantes, y los tengo casi demasiado cerca durante el resto del tiempo. Italianos, alemanes, portugueses, belgas, chinos-italianos (si Dios pudo crear el ornitorrinco también pudo hacer esto), polacos, madrileños, gallegos, valencianos, catalanes, leoneses... ¿regalan algo aquí a los españoles y yo no me he enterado?

Sea como sea, no me esperaba volver tan pronto a España. Es demasiado pronto, siento que apenas he aterrizado, que apenas me he mimetizado con la zona. Conozco a los tenderos del barrio y cuando me ven con cara de perro son más amables conmigo, pero eso estaba en los primeros puntos de mi lista de adaptación. La lista existe, algún dia la publicaré. Voy a estar sólo un día, y no es ningún drama, ni por ir, ni por volver ni nada. Por supuesto que me apetece ver a mi familia y mis amigs, pero no en estas circunstancias.

Es una lástima, pero puedo considerar cada viaje a España como un nuevo comienzo del Erasmus, que siempre es la parte más interesante de cualquier aventura. Dicen que cada día hay que levantarse como si fuera el último, dejando cualquier cuestión zanjada. Yo prefiero levantarme pensando que cada día es el primero, y creando nuevos planes...aunque no acabo ni la mitad de ellos.

Así que borron y cuenta nueva, a ganar a ganar, pollo para cenar!

15 oct. 2010

Impresiones de un erasmus

¿Qué es ser un Erasmus? ¿Es una beca? Una experiencia, una emancipación con fecha de caducidad, unas vacaciones muy largas, o una forma diferente de trabajar. Conocer gente nueva, afianzar relaciones y poner un punto y seguido en el camino. Toda esa mierda ya la sabía antes de venir. También me imaginaba la distancia e incluso la veía atractiva. Libertad, me decía. Ojalá uno fuera realmente libre, pero creo que me sentiré siempre controlado. Otro montón de mierda.

Me encanta tener que sacarme yo mismo las castañas del fuego. Nos han pasado putadas de todos los colores, y al principio a un ritmo que casi asustaba. Pero son ese tipo de putadas que si naciste con un poco de sangre en las venas, la suficiente decisión, y un poco de geta, las puedes resolver. Como me dice mi padre, geta tengo para dar y regalar. Como dice otra gran figura literaria, o sea mi hermano, un problema le preocupa menos cuando está en su mano resolverlo (quizás el no se acuerda de cuando lo dijo, pero yo sí). ¿Y qué pasa cuando los problemas los has dejado atrás? cuando el conflicto está tan lejos de tí que no hay nada que hacer, aparte de tirarte de los pelos y esperar por una pizca de información. Mierda again.

Hace poco me crucé con un optimista empedernido, de los que pensaban que todo en la vida tiene su vertiente positiva. Es más, le "molaba" estar de bajón de vez en cuando, "a mi rollo con mi música tirado en la cama". Mierda para él también. Quizás me estoy volviendo un poco radical, y todos esos tonos de gris que fui adquiriendo durante la adolescencia están ganando contraste y me niego a aceptar que haya cosas buenas porque sí, por el hecho mismo de que ocurren. Que alguien me explique qué tiene de bueno que haya ratones en casa, que el casero sea un mafioso, que la grúa se lleve el coche, la cocina no funcione, haya que entrar al baño con una vela, la universidad tenga la misma organización que los partidos de futbol de un patio de colegio o que me cobren 50 euros en comisiones el banco por sacar mi dinero. Que alguien me explique, sin venderme la mierda de "de todo se aprende", "es una experiencia", o "el drama une", que tiene de bueno que mi mejor amigo esté en el hospital. No espero una respuesta. Qué demonios, no la quiero. Sólo quiero gritar, defecar y orinar(por poner un poco de buen vocabulario en este montón de blasfemias)sobre todo lo sagrado y salir corriendo a Valladolid a apoyar, aunque sea unos minutos, a mi amigo.

Estoy disfrutando mucho este viaje, de verdad, y soy de los que no me hundo ante un problema e intento resolverlo pero... que les ***** den a los optimistas

salud

2 oct. 2010

Vivencias de un Erasmus

Me gusta más empezar a escribir sin saber el título de lo que voy a escribir, porque así no tengo un pensamiento claro de lo que quiero contar y me puedo dejar llevar. No tengo que ir ordenando pensamientos, colocándolos uno a uno para que sean comprensibles. Cuando no sé que contar no hay un orden que pueda aplicar y, por tanto, por el que preocuparme. En definitiva, me gusta despreocuparme, incluso cuando considero que soy bastante consciente de los problemas que me rodean.

En definitiva, he empezado el Erasmus sin preocupaciones. He empezado como acabé el verano, tranquilo, dispuesto a comerme el mundo o a intentarlo y sin nada que perder. Todo va bien. Inicié el viaje en carretera, dos días conduciendo con la música invadiendo mis oidos. Mis oidos y los de mi compañero de viaje sin el que seguramente no me habría atrevido a hacer mi primer inicio en la emancipación. Paisaje, paisaje, paisaje. Recuerdos de gasolineras, montañas, llanuras, rios, autovías, camiones, un puente mientras sonaba Hurt, de Johny Cash. Lo haría eternamente. Viajaría sin rumbo por el mundo entero, guiando el volante por donde YO quisiera. Lamentáblemente el viaje acabó y llegamos a Amberes

Amberes! comenzamos a movernos por la ciudad, a conocerla poco a poco y a investigar qué nos ofrecía. Nos perdimos, andamos de un lado a otro, nos reimos, conocimos gente y buscamos piso. Mi compañero de andanzas también había llegado a la ciudad y los tres, Vila (que tendría que volverse), Pablo (que se quedaría aquí atrapado conmigo) y yo (que estoy aquí también) iniciamos la primera semana. No me gusta poder resumir una semana en sólo unas líneas. Si te paras a respirar el suficiente tiempo podrías redactar la genialidad de cada suspiro, la repetición y la esencia de su genialidad. Sin embargo a veces toca avanzar y conseguir expresar algunos hechos más "importantes" (aunque quién demonios sabe lo que es importante). Encontramos piso. Ni por inmobiliaria, ni por internet, ni preguntando... por casualidad. Las cosas a veces suceden porque sí. El hombre que nos lo alquila trabaja en el albergue y, sinceramente, no me fio un pelo de él.

Pero firmamos un contrato y tuvimos que irnos a Bruselas a vivir hasta que pudieramos entrar al piso. Allí vivimos en casa de la novia de mi primo durante algo más de una semana. Vuelta a empezar, a conocer la ciudad, perdernos, conocer gente, vivir más aventuras. Y aquí de ocupa. Nos trataron tan bien que el agradecimiento que siento no lo puedo expresar. Aunque como siempre, pasó algo mal. Siempre nos sale algo mal, algún problema que nos toca resolver. Y no me alegro, no porque crea que los problemas tengan su vertiente positiva, son una putada. Me alegro porque hasta ahora siempre los resolvemos. En fín, tuvimos que recoger el coche de la grua, pelear contra la burocracia belga e ir al depósito donde Cristo perdió el mechero.

Al final conseguimos el piso, volvimos a Amberes y empezamos a remodelarlo. Lo primero fue tirar toda la mierda que habia. Decoración horrorosa, mugre en algunos armarios, reordenar los muebles. Todos los muebles los hemos movido. Todos. Claro, que tocó viajar a Ikea. Habría estado bien si tuvieran todo lo que queríamos, como siempre nos tocó buscarnos la vida y seguir buscando unos biombos. Esos biombos que encontramos al día siguiente nos tocó portarlos por media ciudad ( y acabar valdados) y hacer bricolage con ellos para poder darles estabilidad. Me siento orgulloso de trabajar con mis propias manos, aunque sea para colgar un espejo, o inventarnos unas patas para un biombo. Y el piso ha quedado genial.

El piso, como no, nos ha dado problemas. A mi el primer dia, picaduras por todos lados. De hecho una araña me picó un ojo, y con eso se ganó mi enemistad y mi animalismo. Me encanta poder volverme salvaje, y además ganar. Una noche en vela esperando a que apareciera, pero conseguí cargarme a la araña y, hasta ahora, no ha vuelto. La cocina hace saltar el diferencial, con lo que sobrevivimos a base de un horno y, para rematar, hoy he visto un ratoncillo. Aquí va a haber sangre, humana o de roedor, pero defenderé mi nuevo hogar.

Y en fin, pasan cosas siempre. Hacemos amigos y mi nuevo compañero de piso y yo nos vamos conociendo poco a poco. Espero muchas cosas de este Erasmus, aunque creo que no se me quitará la cara por la que todo el mundo me pido o me ofrece droga. Sea como sea, tenía ganas de resumir estos primeros días para cuando se me hayan olvidado. Algún dia esto se acabará y no quedará nada por decir, y mis batallitas serán como las de la mili de mi padre. Mis padres, mi familia y mis amigos están muy lejos, pero los siento cerca de mí. Prometo un abrazo cuando vuelva, si vuelvo (que nunca se sabe)