27 dic. 2010

Descarga de insulina

No tengo ni puñetera idea de que significa insulina. Pero sí que me apetecía oir el ruido de las teclas del "viejo" ordenador de casa repiquetear al son de mis dedos mientras los Doors me insuflan una pequeña porción de energía psíquica. Energía que fluye entre acorde y acorde para expandir el conocimiento y dirigir mis palabras al sinsentido que menos me importa. No quiero decir nada, no me apetece decir nada. No quiero sentir ni expresar, sólo escribir. Hacer una experiencia vacía que me llene y me vacíe. Menuda imbecilidad, ¿verdad?. Pero siento los dedos como se mueven, cierro los ojos y ellos siguen tecleando al ritmo de la canción. No importa qué esta ocurriendo en la pantalla. No importa que el mensaje final no tenga sentido. no importa que lo que venga no lo entienda nadie. No lo entenderé ni yo pero el momento de sentir a toda pastilla la huella dactilar recorriendo el teclado, haciendo su música, su compás, merece la pena. Creo que los surrealistas hacian esto, pero incluso con algo de sentido, con escritura automática. Bueno quién sabe, querían encontrar lo que había oculto en el subconsciente matando con la velocidad el consciente. O como se llame. Yo soy muy consciente. Sólo quiero escribir. ¿Y porqué darle algo más de significado a las cosas que no lo tienen? Por qué divinizar lo que no lo es? Porqué queremos ver la poesía, la belleza, el arte en donde no lo hay?. Será que otros lo pueden ver con otros ojos. Pero a veces me resulta tan banal. Y resultas tan maleducado si expresas abiertamente que la última gran revelacion te parece una enorme gilipollez. A veces no se expresa nada. A veces no hay un mensaje subyacente. A lo mejor hay cosas que son porque sí, por el puro entretenimiento de hacerlas y el entretenimiento de observar al observador observando lo creado. Atentos al trabalenguas. Trabalenguas que me hago yo mismo pero que disfruto mientras los dedos terminan su frenético ritmo, la canción llega a su fin. Creo que ahora toca releer lo que he hecho. Intentaré publicarlo, poco me importa su contenido. El proceso ha sido rápido y productivo.Y divertido. Llega la publicidad

http://www.youtube.com/watch?v=K3CHi_9sxj0

13 dic. 2010

Puñal al aire, a ver quien lo coge

Me paso el día con alguna canción rondándome la cabeza. Siempre estoy tarareando algo, intentando recordar quién era el artista que compuso tal cosa u otra; incluso me intriga el hilo musical del ascensor y, si no lo conozco, investigo quién carajo pensó en algo tan genial. Busco, escucho, recuerdo. El único punto de mi vida que tiene algo de orden es la carpeta “Música” de mi ordenador. El único sitio que guarda orden alfabético y en el que mi latente síndrome de Diógenes no invade el espacio vital de los demás. Por si no ha quedado claro, adoro la música. La adoro, no puedo pasar un día sin ella. Mi madre toca el piano y yo dejé de tocarlo de pequeño porque era (aún más) imbécil. Un poco más crecidito, mis amigos empezaron con una banda (o un conjunto como diría la arriba mencionada) y ya el tema común de conversación no podía ser otro. Siempre: música.

En este Erasmus he hablado más que nunca sobre arquitectura. He aprendido más que nunca sobre lo que se supone que va a ser mi profesión y sin embargo me apetecía seguir creciendo por otro camino. He echado de menos hablar sobre las novedades del mercado, sobre los clásicos y las evoluciones de los estilos. Las influencias, los cambios, los éxitos, los fracasos que para nosotros son un éxito y las exquisiteces que cada uno de nosotros puede aportar a los demás. Los conciertos, los festivales, los grupos, los bares. De pocas cosas me siento más orgulloso que de mis amigos músicos. Aparte de por lo que les aprecio como amigos, por el torrente de sangre que sus acordes bombean a mi cerebro. Siento desde la grada sus nervios, sus ilusiones, sus alegrías y sus ganas de expresar algo. Ganas de expresar algo que, por ser quienes son, muchas veces sé qué es. Sabré qué cuentan con su música incluso aunque uno acabe tocando en la orquesta Mondragón, otro con Chayanne, y otro con el mismo Jimi Hendrix clonado y resucitado.

Hoy he empezado a hacerme una lista de reproducción y he tenido que borrar la mitad según la iba escuchando. He acabado tan harto que al final he quitado la música. Supongo que será morriña, no lo sé, pero el hecho es que por una vez no me apetecía escuchar nada. No es que cada canción, cada estrofa, pueda recordarme a un momento separado (que también). La música tiene el poder de hacernos recordar cosas increíbles, como lo fueron las 16 horas de carretera con sus 16 horas de música de la mano del gran Vila para llegar hasta Bélgica sanos y salvos. No era eso. Todas me recordaban a una persona. Uno de esos amigos que cuentas con los dedos de una mano y que siento como cada día me da un poco más la espalda. Cada canción me hace dudar entre llamarle otra vez o mandarle a buscar setas al Everest. Cada canción me da un punto de vista distinto y aún no sé que decir. No es que esté en todas ellas. Dudo que algunas las haya escuchado nunca (es un oldie, un clásico, un rock star al más estilo Lebowsky) pero empiezo a sospechar que últimamente le tengo demasiado metido en mi cabeza. Supongo que tendrá sus razones, que algo he malinterpretado y que toda la mierda que se cuece en Valladolid sólo me ha salpicado por cercanía… O lejanía. Él tiene su guitarra para expresarse, yo un teclado de ordenador. Él no dice ni mu, yo suelto indirectas muy directas.

Ay la Navidad, momento de reencuentros. Y tío, ya está bien.

25 nov. 2010

Incluso los gatos miran por la ventana

¿Reconoces ese momento cuando, sin saber por qué, sabes que te falta algo? Pues a mi me pasa. Hecho de menos al ratón. El ratón que durante dos meses ha sido nuestro digno ocupa, escapando a trampas, venenos y escobazos, ayer apareció muerto. Bueno, ni siquiera eso, aún respiraba cuando lo metimos en una bolsa. Creo que es la primera vez que mato algo más grande que una mosca y, ahora que estoy perdiendo el tiempo soberanamente en el salón, noto diferente la estancia sin estar alerta a que salga el pequeño invasor. Echo de menos a mi invasor, mi pequeño entretenimiento nocturno.

Y sí, he ido a Venecia, celebré mi cumpleaños en casa y mis vecinos, posibles exconvictos, ahora me odian...pero me apetece hablar del puñetero ratón. La primera vez que lo ví me sorprendió. Con mi sorpresa él se espantó y volvió a esconderse debajo de la cocina. Con el tiempo sus hábitos se volvieron más raros. O bien aparecia cuando yo me iba, o bien se recorría el salón sin importarle un pepino que yo estuviera ahi. ¿Era el mismo o tiene a sus parientes alojados también en los entresijos de la cocina? ¿Hemos dejado a ratones huérfanos o sin herencia? ¿Era nuestro ratón un llanero solitario? Sea como sea, era mi (o nuestro) ratón y ahora está muerto. Era lo que había que hacer, es antihigiénico y realmente no invita a las visitas, pero siento con respeto su muerte.

¿Sobreactuando por un animal de lo más común? Bueno, sí. Un animal muerto es un animal muerto al fin y al cabo. Y este casi casi era una mascota. Podría darle mil vueltas al asunto, buscarle la poesía a la muerte del ratón. Podría dignificarlo tanto que llegue al ridículo. Sin embargo la imágen del animalillo muerto me recordó a un momento en Berlín y por eso para mí es importante. Era nuestro último día haciendo el guiri en la ciudad. Intentábamos llegar a la National Gallery, pero por el camino nos colamos en un patio en el que no sabíamos qué había. Era un sitio agradable, con un par de árboles, una estatua y uno de esos silencios ruidosos que te indican que alguien vive ahi. Literalmente lo vimos caer. No sabíamos cual era la historia del gorrión, ni porqué había llegado ahí ante nosotros. No podíamos hacer nada por él. Lo dejamos respirando en el suelo. No sabía si dibujarlo, fotografiarlo o grabarlo en mi memoria.

La historia del ratón me ha recordado la historia de Berlín. Y ambas historias me recuerdan a esta tira de calvin & hobbes que lei una vez y me hizo temblar. Y aún me hace temblar.

22 oct. 2010

And end has a start

Voy a volver a España durante unas horas, apenas un día, y casi me espero ya encontrarme con un holocausto nuclear, una ciudad en ruinas, una ciudad distinta de la que guarda mis secretos de niñez, como si no los volviera a encontrar. Vamos, como en una canción de M-Clan. Mes y medio, manda huevos. He huido tanto de los españoles aquí en Amberes (me falta poder esconderme de mi compañero de piso, pero no da para tanto el sitio), que casi creía haberme olvidado de Valladolid. Otra estupidez de mi parte, claro.

Está siendo fácil adaptarse, y la estrategia está siendo la de convivir con cualquiera que no hable mi idioma. ¡Habla inglés hasta el tio de seguridad de la escuela! ¡ El de seguridad! ¡Si el conserje de Valladolid apenas puede con el castellano! Supongo que quizás al final lo lamentaré porque los que conozca me quedarán luego muy lejos... Pero españoles ya conozco bastantes, y los tengo casi demasiado cerca durante el resto del tiempo. Italianos, alemanes, portugueses, belgas, chinos-italianos (si Dios pudo crear el ornitorrinco también pudo hacer esto), polacos, madrileños, gallegos, valencianos, catalanes, leoneses... ¿regalan algo aquí a los españoles y yo no me he enterado?

Sea como sea, no me esperaba volver tan pronto a España. Es demasiado pronto, siento que apenas he aterrizado, que apenas me he mimetizado con la zona. Conozco a los tenderos del barrio y cuando me ven con cara de perro son más amables conmigo, pero eso estaba en los primeros puntos de mi lista de adaptación. La lista existe, algún dia la publicaré. Voy a estar sólo un día, y no es ningún drama, ni por ir, ni por volver ni nada. Por supuesto que me apetece ver a mi familia y mis amigs, pero no en estas circunstancias.

Es una lástima, pero puedo considerar cada viaje a España como un nuevo comienzo del Erasmus, que siempre es la parte más interesante de cualquier aventura. Dicen que cada día hay que levantarse como si fuera el último, dejando cualquier cuestión zanjada. Yo prefiero levantarme pensando que cada día es el primero, y creando nuevos planes...aunque no acabo ni la mitad de ellos.

Así que borron y cuenta nueva, a ganar a ganar, pollo para cenar!

15 oct. 2010

Impresiones de un erasmus

¿Qué es ser un Erasmus? ¿Es una beca? Una experiencia, una emancipación con fecha de caducidad, unas vacaciones muy largas, o una forma diferente de trabajar. Conocer gente nueva, afianzar relaciones y poner un punto y seguido en el camino. Toda esa mierda ya la sabía antes de venir. También me imaginaba la distancia e incluso la veía atractiva. Libertad, me decía. Ojalá uno fuera realmente libre, pero creo que me sentiré siempre controlado. Otro montón de mierda.

Me encanta tener que sacarme yo mismo las castañas del fuego. Nos han pasado putadas de todos los colores, y al principio a un ritmo que casi asustaba. Pero son ese tipo de putadas que si naciste con un poco de sangre en las venas, la suficiente decisión, y un poco de geta, las puedes resolver. Como me dice mi padre, geta tengo para dar y regalar. Como dice otra gran figura literaria, o sea mi hermano, un problema le preocupa menos cuando está en su mano resolverlo (quizás el no se acuerda de cuando lo dijo, pero yo sí). ¿Y qué pasa cuando los problemas los has dejado atrás? cuando el conflicto está tan lejos de tí que no hay nada que hacer, aparte de tirarte de los pelos y esperar por una pizca de información. Mierda again.

Hace poco me crucé con un optimista empedernido, de los que pensaban que todo en la vida tiene su vertiente positiva. Es más, le "molaba" estar de bajón de vez en cuando, "a mi rollo con mi música tirado en la cama". Mierda para él también. Quizás me estoy volviendo un poco radical, y todos esos tonos de gris que fui adquiriendo durante la adolescencia están ganando contraste y me niego a aceptar que haya cosas buenas porque sí, por el hecho mismo de que ocurren. Que alguien me explique qué tiene de bueno que haya ratones en casa, que el casero sea un mafioso, que la grúa se lleve el coche, la cocina no funcione, haya que entrar al baño con una vela, la universidad tenga la misma organización que los partidos de futbol de un patio de colegio o que me cobren 50 euros en comisiones el banco por sacar mi dinero. Que alguien me explique, sin venderme la mierda de "de todo se aprende", "es una experiencia", o "el drama une", que tiene de bueno que mi mejor amigo esté en el hospital. No espero una respuesta. Qué demonios, no la quiero. Sólo quiero gritar, defecar y orinar(por poner un poco de buen vocabulario en este montón de blasfemias)sobre todo lo sagrado y salir corriendo a Valladolid a apoyar, aunque sea unos minutos, a mi amigo.

Estoy disfrutando mucho este viaje, de verdad, y soy de los que no me hundo ante un problema e intento resolverlo pero... que les ***** den a los optimistas

salud

2 oct. 2010

Vivencias de un Erasmus

Me gusta más empezar a escribir sin saber el título de lo que voy a escribir, porque así no tengo un pensamiento claro de lo que quiero contar y me puedo dejar llevar. No tengo que ir ordenando pensamientos, colocándolos uno a uno para que sean comprensibles. Cuando no sé que contar no hay un orden que pueda aplicar y, por tanto, por el que preocuparme. En definitiva, me gusta despreocuparme, incluso cuando considero que soy bastante consciente de los problemas que me rodean.

En definitiva, he empezado el Erasmus sin preocupaciones. He empezado como acabé el verano, tranquilo, dispuesto a comerme el mundo o a intentarlo y sin nada que perder. Todo va bien. Inicié el viaje en carretera, dos días conduciendo con la música invadiendo mis oidos. Mis oidos y los de mi compañero de viaje sin el que seguramente no me habría atrevido a hacer mi primer inicio en la emancipación. Paisaje, paisaje, paisaje. Recuerdos de gasolineras, montañas, llanuras, rios, autovías, camiones, un puente mientras sonaba Hurt, de Johny Cash. Lo haría eternamente. Viajaría sin rumbo por el mundo entero, guiando el volante por donde YO quisiera. Lamentáblemente el viaje acabó y llegamos a Amberes

Amberes! comenzamos a movernos por la ciudad, a conocerla poco a poco y a investigar qué nos ofrecía. Nos perdimos, andamos de un lado a otro, nos reimos, conocimos gente y buscamos piso. Mi compañero de andanzas también había llegado a la ciudad y los tres, Vila (que tendría que volverse), Pablo (que se quedaría aquí atrapado conmigo) y yo (que estoy aquí también) iniciamos la primera semana. No me gusta poder resumir una semana en sólo unas líneas. Si te paras a respirar el suficiente tiempo podrías redactar la genialidad de cada suspiro, la repetición y la esencia de su genialidad. Sin embargo a veces toca avanzar y conseguir expresar algunos hechos más "importantes" (aunque quién demonios sabe lo que es importante). Encontramos piso. Ni por inmobiliaria, ni por internet, ni preguntando... por casualidad. Las cosas a veces suceden porque sí. El hombre que nos lo alquila trabaja en el albergue y, sinceramente, no me fio un pelo de él.

Pero firmamos un contrato y tuvimos que irnos a Bruselas a vivir hasta que pudieramos entrar al piso. Allí vivimos en casa de la novia de mi primo durante algo más de una semana. Vuelta a empezar, a conocer la ciudad, perdernos, conocer gente, vivir más aventuras. Y aquí de ocupa. Nos trataron tan bien que el agradecimiento que siento no lo puedo expresar. Aunque como siempre, pasó algo mal. Siempre nos sale algo mal, algún problema que nos toca resolver. Y no me alegro, no porque crea que los problemas tengan su vertiente positiva, son una putada. Me alegro porque hasta ahora siempre los resolvemos. En fín, tuvimos que recoger el coche de la grua, pelear contra la burocracia belga e ir al depósito donde Cristo perdió el mechero.

Al final conseguimos el piso, volvimos a Amberes y empezamos a remodelarlo. Lo primero fue tirar toda la mierda que habia. Decoración horrorosa, mugre en algunos armarios, reordenar los muebles. Todos los muebles los hemos movido. Todos. Claro, que tocó viajar a Ikea. Habría estado bien si tuvieran todo lo que queríamos, como siempre nos tocó buscarnos la vida y seguir buscando unos biombos. Esos biombos que encontramos al día siguiente nos tocó portarlos por media ciudad ( y acabar valdados) y hacer bricolage con ellos para poder darles estabilidad. Me siento orgulloso de trabajar con mis propias manos, aunque sea para colgar un espejo, o inventarnos unas patas para un biombo. Y el piso ha quedado genial.

El piso, como no, nos ha dado problemas. A mi el primer dia, picaduras por todos lados. De hecho una araña me picó un ojo, y con eso se ganó mi enemistad y mi animalismo. Me encanta poder volverme salvaje, y además ganar. Una noche en vela esperando a que apareciera, pero conseguí cargarme a la araña y, hasta ahora, no ha vuelto. La cocina hace saltar el diferencial, con lo que sobrevivimos a base de un horno y, para rematar, hoy he visto un ratoncillo. Aquí va a haber sangre, humana o de roedor, pero defenderé mi nuevo hogar.

Y en fin, pasan cosas siempre. Hacemos amigos y mi nuevo compañero de piso y yo nos vamos conociendo poco a poco. Espero muchas cosas de este Erasmus, aunque creo que no se me quitará la cara por la que todo el mundo me pido o me ofrece droga. Sea como sea, tenía ganas de resumir estos primeros días para cuando se me hayan olvidado. Algún dia esto se acabará y no quedará nada por decir, y mis batallitas serán como las de la mili de mi padre. Mis padres, mi familia y mis amigos están muy lejos, pero los siento cerca de mí. Prometo un abrazo cuando vuelva, si vuelvo (que nunca se sabe)

4 sept. 2010

Bebop

Él: Es como conectar todas las células de tu cuerpo

Ella: ¿Me dolerá?

Él: Nunca me acostumbraré a oir esa pregunta

Ella: Ni yo a tu idiota sentido del humor

Él: No te dolerá. La última vez que lo probé no pasó nada

Ella: ¿Nada? ¿Eso es que todo salió bien?

Él: No, eso es que no pasó NADA. Nada de nada

Ella: Pues vaya...

Él: Que no te engañe lo que ves. Esta nave abandonada, la suciedad, el desorden...saluda a Josy y sus amigos, ya son casi como de la familia

Ella: ¿Quién?

Él: La rata de 4 kilos que te está enseñando los dientes, detrás de ti

Ella: ¡Dios Santo! Realmente es enorme, ¿cómo lo has conseguido?

Él: La compré en Tiffany's, venía de promoción al gastarte 3 millones en joyas inútiles

Ella: Me refiero a como has conseguido que crezca tanto

Él: Creeme que no me dedico a alimentar ratas, aunque parece en un estado de salud bastante mejor que él mio

Ella: Sin duda...

Él: De todos modos, como te decía, será como conectar todas las células de tu cuerpo, la sensación será extraña y te costará acostumbrarte pero creeme será estupendo. De hecho creo que será la primera vez en tu vida que puedas llegar a comprender algo de la misma. Dime, ¿Te consideras una chica lista?

Ella: Bueno...mi madre siempre me dijo que lo era, pero nunca conseguí ningún premio en alguno de esos concursos de listillos. Ah! pero soy bastante buena cantando. ¿Quieres que te lo enseñe?

Él: Sí tu madre debía de ser una persona encantadora, con un enorme cariño por tí o una auténtica falta de visión, una de las dos.

Ella: ¿Cómo?...

Él: No empieces a echar humo todavía, chica. Por cierto,¿Tienes un cigarro?. No te molestes ya lo cojo yo. Lo que quiero decir es que eres tonta, tonta de remate. No está tan mal, eres una tonta feliz y eso es mucho más de lo que bastantes tontos podrían decir. Claro que alcanzar tus logros personales es bastante más fácil cuando consisten en peinarte, lavarte y comprar ropa.

Ella: Oye, no me conoces de nada. Haces que mi vida parezca un cliché barato.

Él: Descuida, se bastante más de tí de lo que crees

Ella: Ah! estupendo, ¿Qué eres, un pervertido, uno de esos "voyeurs" que tanto salen en las noticias?

Él: No soy un pervertido. Bueno sí lo soy, pero debería decir que soy el mayor de los pervertidos.

Ella: ¿Y para qué me tienes aquí? Creí que me ibas a enseñar algo maravilloso.

Él: ¡Claro, por supuesto! ¿Creías que he olvidado lo que te dije? Ni mucho menos. Te voy a mostrar el descubrimiento que todos buscan, aunque muchos temen. Con lo que tengo preparado para tí, conseguirás el mayor logro de tu vida después de tu nacimiento.

Ella: Pues nací por cesárea

Él: ¿Y qué tal? Yo nací bastante deprisa, querían que me pusiera ya a trabajar. Mi infancia fue corta pero feliz. 8 segundos de infancia concretamente. Ya te explicaré los detalles, ay que ver que caras mas raras me pones.

Ella: Me dijeron que este sitio estaba abandonado, que aquí tendría la intimidad que necesito, no que viviría semejante chalado.

Él: Y no te engañaron no. En esto por lo menos no. Aunque aquella vez en el vestuario, las toallas y el equipo completo de fútbol ¿de verdad no lo viste venir? ¡Estaban hasta el entrenador y el que limpia las toallas!

Ella: Era una sorpresa, se suponía que...

Él: Sí, siempre he pensado que el linchamiento multitudinario es divertidisimo, pero lo tuyo es total ceguera. En fín,como te decía, será como conectar todas las células de tu cuerpo. Unirlas en un sólo punto. ¿Empezamos ya?

Ella: Me inspiras la misma confianza que un carnicero sin dedos, no me gusta esto

Él: !ah! pero no te queda otra opción, son las normas del juego

Ella: ¿Qué juego, qué reglas?

Él: De la misma vida. Hay dos reglas basicas, antes de vivir tienes que nacer. Algunos se han saltado este paso, pero no entiendo por qué, es asqueroso...Y después de vivir, tienes que morir.

Ella: Ah!!! ¿Me vas a matar?

Él: Otra vez que me toman por un asesino, nadie comprende mi arte. Llevas muerta mucho tiempo, y no es una alegoría hablando de tu triste vida. Te caiste por ese hueco en el suelo y te rompiste el cuello. Mira, Josy ya te está sacando los ojos, son muy nutritivos... Ahi el secreto de su fuerte salud, la gente que no mira por donde va.

Ella: Entonces...

ÉL: Sí

Ella: ¿Y NO ME LO PODÍAS HABER DICHO DIRECTAMENTE, CAPULLO?

Él: Bueno algo hay que hacer para no aburrirse en el trabajo. Ahora vamos, se me hace tarde y me esperan en casa para cenar




27 ago. 2010

Hide and Seek

Odio el verano. Mientras a algunos el sol les pone alegres, a mi el calor me convierte en algo parecido a un zombi. Y la no-vida de un zombi no estaría tan mal si no fuera por las maravillas de la vida universitaria que te invita a estudiar para Septiembre (excepto a aquellos aventajados y afortunados, que siempre los hay). Cuanto más tiempo libre tengo, más tiempo desperdicio. Y cuanto más tiempo desperdicio, menos ganas tengo de hacer algo productivo. Cada palabra que tecleo en el ordenador la saco a desgana, y haciendo acopio de toda la fuerza de voluntad que me queda (o sea, bastante poca).

Sin tensiones, sin nervios, sin alguna situación que me obligue a estar alerta todo el día, o incluso que me enfade, no soy capaz de rendir. Hay que ser imbécil. Quejarme por llevar una vida ociosa y cuando estoy hasta arriba no deseo otra cosa más que acabar de una vez. Estas cuatro líneas podrían ser un típico, tópico, y tépico (si, me he inventado una palabra) tema sobre querer lo que no tenemos, y bla bla bla.

No, es algo mucho más banal: odio el verano. Quiero poder llevar de nuevo abrigo largo, sombrero, bufanda, guantes...vivir de noche, combatir la temperatura con un café a la luz de un neón mientras ves pasear a la gente deprisa, en busca de refugio. Quiero que al respirar mis pulmones condensen el aire y una pequeña nube blanca salga de mi boca y así comprobar con mis ojos que sigo vivo. El verano para mí es una pausa en la vida, unos meses en el año que pasan flotando irreales, o reales como un sueño, que me suelen servir para cambiar de imágen. Un alto en el camino, un borrón y cuenta nueva para empezar de nuevo el invierno.

Déjame en paz Calor, déjame en paz verano, déjame en paz Valladolid. Me voy a Bélgica, me voy al Norte, me voy al frío (espero)

20 jul. 2010

Como contínuar una historia si no sabes como empezarla

El calor del atardecer, la suave luz anaranjada, y la brisa veraniega que acariciaba los campos siempre le adormecían. El desierto multiculor, preparado para la siega, se extendía hasta donde ninguna cerca podría ponerle límite, y caminar entre los altos tallos se convertía en el más complicado de los laberintos de jardín francés. Últimamente sentía como el calor le cansaba antes, le costaba más levantar las herramientas, y sentía menos la necesidad de trabajar. Se hacía viejo, por fín tenía una familia que le cuidara, unos hijos que se pusieran al cargo y empleados jóvenes dispuestos a soportar el trabajo por semejante sueldo. Llegaba el verano, y la vida era fácil.

¿quién se arrepiente?

Hacía demasiado calor ahí dentro. Las luces de neón, el humo de tabaco concentrado que inundaba sus pulmones empezaba a marearle. Las prostitutas del garito llevaban el mayor número de colores posibles en tan poca cantidad de ropa, preparadas para cazar al incauto, o al borracho, o a los dos. Él era un borracho y un incauto.
Ultimamente sentía como el calor de una mujer le cansaba antes, que le costaba más levantar la herramienta, y sentía menos la necesidad de pagar. Aún no era viejo, no tenía familia, ni hijos, ni un empleo que pudiera soportar. Llegaba la mañana, y aún se sentía dueño de su vida.

¿quién se arrepiente?

28 jun. 2010

Nabucodonosor

Todos los días lo intentaba. Golpeaba las paredes de su cuarto con puños y pies. Con la fuerza de su cuerpo entero o con la furia de su cráneo. Uñas, dientes, piel, sangre, sudor. Esas paredes estaban manchadas con formas casi humanas, pero de un humano obligado a vivir como un animal. Un humano que fue rey y se postró a cuatro patas, hundiendo su mirada en su propia lucidez, quedando sobre la cara dos ojos que sólo reflejaban estupidez. Estupidez en los mejores momentos, desesperación ante esa jaula en los peores. Eran aquellos días en los que la comida -si a eso se le puede llamar comida- no aparecía por debajo de la puerta. Esos días en los que el instinto primario no quedaba satisfecho y la razón, bajo el disfraz de la locura, buscaba una solución desesperada ya no por vivir, sino por sobrevivir.

Al principio contaba los días, y conseguía calcular hasta en qué época del año estaba. Pero la habitación cambiaba al mismo ritmo que cambiaba él. Las estaciones cambiaron, el frío se hizo eterno, la luz inexistente. La enorme oscuridad de un cuarto cerrado es mayor cuando afuera no existe el sol. Las mismas paredes emanan sombras, y la pobre bombilla de sodio que permanece se ahoga en su propio suspiro. Decidió, porque aún podía decidir, mantenerse cuerdo. Calculaba según sus propias necesidades lo que pensaba que era el paso del tiempo. Marcaba en la pared lo que se le ocurría que era un día. A veces llenaba una fila en apenas unas horas, y otras era incapaz de decidirse a apuntar en una semana. Pero no se rindió. El orgullo reinaba ahora en su mente. Signo, claro está, de que la locura ganaba terreno. Se pasaba horas enteras recitando de memoria todo aquello que se sabia. Desde el himno nacional, hasta los nombres de sus hijos, y de sus amantes. Poemas prohibidos, y canciones de amor cantadas durante años (y que, con sólo unos cambios se transformaban en una serenata de dolor), recetas de cocina, facturas de la luz y menús de los mejores restaurantes; la lista de capitales, de los reyes, de los animales, la tabla de multiplicar y hasta su propio nombre.

Cuando acabó, había expulsado hacia el vacío todo lo que tenía. Enmudeció y se quedó con la única capacidad de gruñir. No era capaz de oirse a sí mismo, pero su cerebro seguía hablando. El cuarto se había hecho más pequeño, más agobiante, más grasiento, más personal. Y ahí llegó, cuando se convirtió en algo personal, la venganza. Su humanidad salía a flote a través de los sentimientos, aunque fuera el más primitivo y sanguinario de todos. Las grandes causas, las que merecen la pena, suelen requerir el sacrificio de otros. En este caso ese otro podría ser él mismo si así conseguía su venganza. Conocía modos de hacerlo, crueles, realmente peligrosos y sangrientos que harían, y habían hecho, llorar al más fuerte de los hombres. ¿Pero contra quién vengarse? La furia estaba desatada pero no había contra quién expulsarla. Destrozó su cuarto, su celda, su vida y su prisión a la vez un millón de veces. Pero cada vez que despertaba, todo estaba en su sitio. Pero las heridas seguían ahí. Cada vez mayores, dolorosas y sangrantes. Pero no podía morir. Y la habitación cada vez era más pequeña.

Cuando los huesos apenan pudieron moverse, y se resquebrajaban con cada movimiento. Cuando la barba le llegaba hasta los pies, y su nariz y sus orejas habían crecido hasta lo grotesco, hasta la locura se cansó de estar con él. Era viejo, completamente desvalido; incapaz de hacer cualquier cosa pero completamente lúcido. Y seguía vivo. Despertó de su larguísimo sueño y miró alrededor a través de unos ojos translúcidos, casi ciegos. Ahí estaba el cuarto, pero no recordaba que ese cuarto fuera su prisión. No recordaba que no pudiera salir, ni que allí estubiera su desesperación. Por primera vez sintió, con la curiosidad de un niño, la necesidad de saber qué había fuera. No le importaba estar dentro, porque simplemente no entendía qué había sido para él todo ese tiempo. Se levantó, ayudado por manos invisibles, y desnudo como estaba se acercó a la puerta. Vieja y oxidada, era imposible hacer girar el manillar. Pero tan vieja como estaba, se rompió con sólo apoyarse el viejo sobre ella. Tropezó y trastabilló hasta casi caerse pero cuando recuperó el equilibrio lo vió. Recordó su celda, su carcelero y su delito. Fuera no había nada, ni cielo, ni tierra, ni aves, ni animales, ni plantas, ni por supuesto, personas. Pero allí era feliz, con el infinito entero para él. La nada más inmensa y vacía. La mayor de las jaulas, la mayor de las soledades.

13 jun. 2010

La sangre en las orejas

Me impresiona cada día más la capacidad que tenemos de olvidar. Me mata pensar hasta que extremos llega, desde el simple descuido hasta el más profundo de los recuerdos.

Hoy no necesito un millón de palabras para salir del laberinto de mi mente.
¿Qué quiero hacer ver, qué quiero que se recuerde?.Quien no quiera ver, que no vea. Qué más me dá todo cuando mi abuela no recuerda mi nombre.

3 jun. 2010

El buscador


"Esta es la historia de un hombre que yo definiría como un buscador... Un buscador es alguien que busca, no necesariamente alguien que encuentra.

Tampoco es alguien que, necesariamente, sabe qué es lo que está buscando. Es simplemente alguien para quien su vida es una búsqueda.

Un día, el buscador sintió que debería ir a la ciudad de Kammir. El había aprendido a hacer caso riguroso a esas sensaciones que venían de un lugar desconocido de sí mismo, de modo que dejó todo y partió.

Después de dos días de marcha por los polvorientos caminos divisó a lo lejos la ciudad de Kammir. Un poco antes de llegar al pueblo, una colina a la derecha del sendero le llamó mucho la atención. Estaba tapizada de un verde maravilloso y había un montón de árboles, pájaros y flores bellas. La rodeaba por completo una especie de valla de madera lustrada... Una portezuela de bronce lo invitaba a entrar.

De pronto sintió que olvidaba el pueblo y sucumbió ante la tentación de descansar por un momento en ese lugar. El buscador traspasó el portal y caminó lentamente entre las piedras blancas que estaban distribuidas como al azar, entre los árboles. Dejó que sus ojos se posaran como mariposas en cada detalle de este paraíso multicolor. Sus ojos eran los de un buscador, y quizá por eso descubrió sobre una de las piedras, aquella inscripción: "Aquí yace Abdul Tareg. Vivió 8 años, 6 meses, 2 semanas y 3 días."

Se sobrecogió un poco al darse cuenta que esa piedra no era simplemente una piedra, era una lapida. Sintió pena al pensar que un niño de tan corta edad estuviera enterrado en ese lugar. Mirando a su alrededor el hombre se dio cuenta que la piedra de al lado tenía también una inscripción. Se acercó a leerla; decía: "Aquí yace Yamir Kalib. Vivió 5 años, 8 meses y 3 semanas."

El buscador se sintió terriblemente abatido. Ese hermoso lugar era un cementerio y cada piedra, una tumba. Una por una leyó las lapidas. Todas tenían inscripciones similares: un nombre y el tiempo de vida exacto del muerto.

Pero lo que más lo conecto con el espanto fue comprobar que el que más tiempo había vivido sobrepasaba apenas los 11 años.

Embargado por un dolor terrible se sentó y se puso a llorar. El cuidador del cementerio, que pasaba por ahí, se acercó. Lo miró llorar por un rato en silencio y luego le preguntó si lloraba por algún familiar. "No, ningún familiar" dijoel buscador. ¿Qué pasa con este pueblo? ¿Qué cosa terrible hay en esta ciudad? ¿Porqué tantos niños muertos enterrados en este lugar...?

¿Cuál es la horrible maldición que pesa sobre esta gente que los ha obligado a construir un cementerio de niños...?"

El anciano respondió: "Puede usted serenarse. No hay tal maldición. Lo que sucede es que aquí tenemos una vieja costumbre. Le contaré... Cuando un joven cumple quince años sus padres le regalan una libreta como ésta que tengo aquí colgando del cuello. Y es tradición entre nosotros que a partir de ese momento, cada vez que uno disfruta intensamente de algo, abra la libreta y anote en ella, a la izquierda, que fue lo disfrutado y a la derecha, cuanto tiempo duro el gozo. "Conoció a su novia, y se enamoro de ella. ¿Cuánto tiempo duro esa pasión enorme y el placer de conocerla? ¿Una semana…? ¿Dos?

¿Tres semanas y media...? Y después, la emoción del primer beso, la fiesta de bodas, ¿cuánto duró la alegría del matrimonio? ¿Dos días...? ¿Una semana...? ¿Y el casamiento de sus amigos...? ¿Y el viaje más deseado...? ¿Y el encuentro con quien vuelve de un país lejano…? ¿Cuánto tiempo duro el disfrutar de esas sensaciones...?

¿Horas…? ¿Días...?

Así, vamos anotando en la libreta cada momento que disfrutamos. Cuando alguien muere es nuestra costumbre abrir su libreta y sumar el tiempo anotado, para escribirlo sobre su tumba, porque es, amigo caminante, el único y verdadero tiempo VIVIDO."

23 may. 2010

Tanta mandanga


Estoy exultante. Es uno de esos momentos en los que veo el mundo a través de una fina capa de lagrimas que cubre mis retinas, no de pena, sino de pura excitacion. Llevo un tiempo recapitulando y sintiéndome peor que mal, escribiendo los textos más tétricos que había escrito en...meses. No es mucho pero quizás soy tétrico de naturaleza. He hablado conmigo mismo, me he insultado, me he intentado apuñalar (metafóricamente hablando) e incluso intentado psicoanalizar buscando los orígenes de semejante bajón mental. Afortunadamente mi cerebro cuenta con una partición, como un disco duro, que me permite seguir vivo mientras la otra mitad se debate consigo misma. En este tiempo me he visto en un viaje de ida y vuelta.

Camino de ida hacia la otra mitad de las cosas, lo oscuro, vacío e impenetrable. Como una plaza vacía de personas, de fugas imposibles, en las que detrás de un muro se adivina que existe el mundo, y donde sólo puedo pensar que existe alguien porque se ve su sombra asomando por detras de una columna. Viaje a lo oscuro e inmutable de las cosas, donde realmente se muestran como son, sin tener ningún sentido, orden ni fin. En un mundo sin orden, sentido, ni fin. El camino de vuelta debería ser, previsiblemente, volver a la mitad positiva...pero no es así.

No he encontrado una visión positiva del mundo en esa plaza metafísica. No he encontrado nada, ningún significado vital, ni amalgama que llene el vacío que me consume. En el mundo de la nada, no hay nada. En el interior de la nada, no hay nada.¿ Y eso en qué me anima ? En nada! La mayor de las negativas que he asimilado nunca, y no hablo de rechazo, que me hace volver a la parte positiva del mundo viendola tan vacía como realmente es. Parece que salgo con una visión realmente pesimista del mundo, pero salgo con la impresión de que aunque todo vaya mal, aunque siga queriendo encojerme en mi mismo y a la vez salir corriendo, no hay nada. Que la sombra en la plaza metafísica es sólo una sombra y que dejaré de ser espectador de mi mismo, para manejarme por la infinita NADA.

Así que en resúmen, no se si me siento bien, pero sí mejor.

8 may. 2010

Una charla más

Desde luego seguir así es un poco tortura…
-Espera! Desde cuándo te ha dado tan fuerte?
-no lo se, crei que lo sabrías tú
-soy tu subconsciente, se lo mismo que tú
-A mi no me mientas que te conozco
-No, no me conoces, pero yo a ti sí. Sabes que soy quien más se preocupa por ti
-No me jodas, haces lo que quieres
-O eso intentamos
-Lo intentamos?
-y no siempre lo conseguimos. Espera, quien habla ahora, tú o yo
-qué más da? Ambos somos yo
-Entonces quién decide, consciente o subconsciente?
-no lo se
- no lo se
-qué hago?
-no lo se, yo soy producto de tu imaginación
-no, mi imaginación es una resaca de ti
-lo se
-me intentas engañar?
-te engañas a ti mismo y me confundes
-intento ser sincero conmigo mismo
-y eso basta?
-no estaríamos hablando conmigo mismo si bastara!
-estoy perdido. Quién soy?
-tú
-Gracias, para ser yo mismo me das unos consejos de mierda
-Te los das tu sólo
-Hablo con mi subconsciente o con mi otra mitad?
-y qué más da?
-Por lo menos me sirves, o me sirvo ya no lo se, para distraerme de mi pequeño tormento
-Quieres que te diga lo qué vales y lo que debes hacer?
-Ambos sabemos eso, no vale para nada.
-Entonces por qué no se van esos pensamientos?
-No es cosa tuya? A veces me gustaría matarte
-No, no es cosa mía. Y sí lo es. No somos dos, aunque te estés volviendo loco
-Y después de todo esto el problema sigue ahí
-Te atreverás a decir el problema en voz alta?
-Aún no estoy tan loco. Y ya es algo conocido.
-Quieres que deje el tema?
-No se lo que espero de ti. O sea, de mi. No espero nada, sólo quiero…sólo quiero
-Expresarte? Llorar? Llevas años evitándome
-Eres peligroso suelto
-Acabaré ahí fuera
-Acabaremos. Todo siempre acaba antes de que me de cuenta.
-No me des las gracias…

2 may. 2010

nudos

No siempre puedo controlar lo que pasa por mi cabeza. No puedo, ni debo, controlar la vida de los que me rodean aunque a veces, lo quiera o no, intervengo. No puedo saber cuándo comienza un pensamiento, ni cuando acabará. No puedo dejar de soñar despierto, ni evitar que me invadan las pesadillas. Tampoco puedo fingir eternamente que todo me da igual.

Pero por qué? porque yo me lo haya impuesto, o porque realmente mi cabeza funcione así? Es una cuestión temporal? y a quién le importa?. No importan los consejos baratos de ánimo que pueda recibir cuando estoy tan confuso... Normalmente veo las posibles salidas y las preparo, pero normalmente depende de mí la situación. Tanto es así que me cuesta horrores escribir unas líneas en las que quiero, a fin de cuentas, poner una idea detrás de otra y evitar que dejen de dar vueltas. He empezado prohibiéndome...intentando hacer memoria de una normativa básica. Pero en casos especiales, se requiere un plan especial, aparte de la normativa... o eso nos cuentan en urbanismo.

En esos casos, se establece una prioridad y se actúa con sensibilidad respecto a la misma. ¿qué quiero decir con esto? que a veces importa muy poco el sistema que tengas, se quedará corto. Un sistema es como la cola de la verdad. La verdad es el lagarto, nos deja la cola entre las manos sabiendo que bien pronto le crecerá otra. El sistema se quedará tan corto que te sientes impotente de no poder aplicarlo. Y es por tanto... inútil? no, pero el proyecto requiere sus propias reglas.

creo que he encontrado el extremo de la madeja

16 abr. 2010

La última frontera


Tengo una muy buena amiga a la que también le pica de vez en cuando el gusanillo de escribir. Lo hace cuando quiere y porque quiere pero, al contrario que yo, se lo guarda para sí misma. No publica nada. ¿Acaso es una obligación? pues claro que no. Ciertamente yo escribo para mí mismo. En alguna ocasión he dedicado una entrada, me he referido a algun amigo o familiar e incluso he querido encaminar lo que escribo a ciertas personas. A mi me sirve para recordar lo que se me pasaba por la cabeza en ese momento, y también para jugar al gato y el ratón, a ver si alguien sabe a qué o quién me refiero. Cuando era más pequeño iba dejando folios escritos por todos lados (ahora también, pero son mis apuntes) que, sutilmente, mi madre iba fisgando cuando creía que no me enteraba.Ante la evidente falta de intimidad del hogar, al final escribo abiertamente. Es una decisión que tomé por determinadas circunstancias,quizás para saber si sería capaz, pero que hasta la fecha me ha ido bien. A veces más motivado, a veces en el pozo más oscuro de mí mismo.

Existe una ligera necesidad de investigar. Una curiosidad sana de explorar lo desconocido, tanto en lo que nos rodea como en nosotros mismos. Como si al estar sentados durante demasiado tiempo, el suelo empezara arder y nos quemara el culo. Con ese espíritu nos planteamos nuestros retos, mayores o menores, desafiando nuestra propia valentía. Por ejemplo mi padre aprende ahora a cocinar, mi hermano se ha ido a francia y mi madre ha empezado a hacer sudokus...¿Quién quiere estancarse? Durante esta semana, mi amiga ha vivido su semana feliz. Su mente volvió de la semana santa con una nueva estructura, las ideas más claras y la sonrisa pegada a su cara. ¿Qué hizo? no lo sé, pero funcionó. Por el contrario yo he estado en una semana gris, en la que los dias se me escapaban y me quedaba embobado mirando una lámpara. No es que me disguste; después de unos inviernos tan largos te acostumbras a que la lluvia traspase el cerebro. Sin embargo necesitaba un poco más que la propia vida contemplativa y cogí la carretera.

Desde hace un tiempo, hago "prácticas de conducir". Me alejo lo más posible de la civilización, o sea de Valladolid, mientras se me aclaran las ideas. Da igual la hora, día o noche, llueva o granice. Si me hace falta, me hace falta. Cada día un poco más lejos, cada vez a un sitio distinto. Empiezo a conocer bastantes pueblos de la región, e incluso he aprendido a cogerle cariño a la meseta. Siempre fantaseo con que no volveré, seguiré recto y continuaré mi exploración más allá de la comunidad, donde no se llegue en una sola tarde y así expandiré mi limite y mi valor. Quien sabe, algún dia. Por ahora me conformo con el paseo con el que sacudo las nubes que cubren mi alma y no me dejan ver el sol.

Cada cruce es una decisión, un paso más a la aventura. Cada pequeña acción puede suponer un riesgo y cada pequeño riesgo nos supone un soplo de aire fresco. Aunque sea hacer algo repetitivo, o empezar algo nuevo, deberíamos ver el mundo como si no lo hubiéramos visto nunca. Verlo y admirarlo como niños. Jugar inocentemente con las sombras que no sabemos si son peligrosas y adentrarnos hacia rutas salvajes.

7 abr. 2010

Tokio Blues


Ha sido intenso. Me he distanciado de lo que realmente tenia que hacer (académicamente hablando) pero en 24h me ha dado tiempo a hacer bastantes cosas, incluidas ir a la bolera y leerme Tokio Blues. No se que es peor: si hacer una crítica de la novela, porque la destrozaría, o decir sólo: me ha gustado. Opto más por lo primero ya que me ha dado pie a volver a escuchar el Kind of Blue de Miles Davis... una y otra vez. Creo que era el mejor ambiente para la situación. Curiosamente también lo era para el protagonista en varias ocasiones. Me ha dejado con varias referencias literarias que quiero echarles el guante (eso si, cuando tenga otro rato de libertad). No puedo leer a ratos; o devoro un libro o no lo toco. Y creo que me pasa lo mismo con las personas, me cuesta funcionar a un 50%

Si en algo me ha sorprendido ha sido en su manera de relatarlo. Sabemos que ha llegado a los 38 años, y nos cuenta que le pasó en un periodo de escasos 3 años...todo lo demás es desconocido. Sigue vivo al menos. En algunos pasajes más melancólicos de deambuleo y pura nostalgia, se detiene hasta el minimo detalle. Y en otros apenas los menciona de pasada. Pero lo genial para mí es como suelta un acontecimiento importante (una muerte, un primer beso) absolutamente de golpe para que, mientras aún te estás recuperando del shock, te empiece a llenar la intriga de qué demonios pasó. A veces resulta oscuro e intenso pero a la vez vacio. En un proceso en declive, pero aparentemente normal, que comienza con la demencia más hermosa que he conocido nunca. Con giros tan chocantes como la forma de contarlos. Incluso el sexo, tan latente en este libro es capaz de describir cómo y con quién las relaciones humanas son tan diferentes. Cómo pueden entrar en un laberinto vital hasta ahogarse a sí mismas.Me pareció mucho tiempo esclavo de sí mismo, de su libertad y sus decisiones. La vida y la muerte y el sexo y el amor y el recuerdo acaban decidiendo. Sin control.


Claro que esta es mi impresión, cada uno en un libro ve una cosa diferente, se ve a si mismo de forma diferente.

31 mar. 2010

Easter


Me gustaria poder tartamudear tanto que la única palabara que soltara fuera producto de toda mi voluntad. Porque si mi voluntad no es capaz de elegir ahora las palabras, que al menos la más estúpida cueste expresarla. Y así no me sentiría tan extraño por quedarme callado. Querría tener una excusa para todo aquello que no soy capaz de hacer y decir, para todo aquello que escondo y no digo abiertamente. Querría que fuera tan fácil como pactar con el diablo. Querría tantas cosas a tan corto tiempo que, por imposibles, me hacen quererlas aun más. Y querría no querer nada, y sentirme un poco menos vacío. Porque al instante intento compensar, medir y hacer cuentas sobre si es suficiente o no, si la balanza está a mi favor o no. Claro está, que cada uno hace sus propias cuentas, y la contabilidad nunca fue lo mio. Sin embargo el error creo que no es sentir que me falta algo, ni intentar pensar que es. Soy ambicioso, y creo que cada uno a su modo, todos lo somos. Sin metas que cumplir, si todo estuviera hecho ya no quedaría nada por lo que vivir. Lo clásico: la felicidad son las pequeñas cosas y no un estado permanente. Bueno pues a veces me gustaría que así fuera... puro éxtasis y gozo constante, verdadero, auténtico, no forzado. Mi realidad no me lo permite.

Entonces, ¿cuál es mi error?, ¿la ambicion?, ¿buscar parches para mi mismo donde no los hay? No lo sé, tengo tendencia a meter la pata constantemente, incluso conmigo mismo. Todo el pensamiento positivo que me suele conquistar, se ve ahora, de noche encerrado en casa, hundido en un oscuro pozo. Y no se si estoy buscando al escribir estas ideas buscar una salida o solamente ponerles un orden, plasmarlas por escrito y dejarlas ahí para que dejen de rondar mi cabeza. Que los pensamientos dejen de subir y bajar desde el estómago, rondando mi espalda y alcanzando el punto álgido de un escalofrío gélido, para que el sentido común tome una opción pragmática. Para así dejar de proponer planteamientos y tomar decisiones.Ninguna base, teoría, experiencia o razonamiento sabrá si las cosas iran bien o mal, pero tendré un camino.

Sé además que no solo pongo las ideas en claro, sino que me las confieso a mi mismo. Las admito aunque no las exprese abiertamente. Porque soy torpe pero aún precavido, y porque si no lo hago me volvere loco. En otras palabras

17 mar. 2010

Hay algo distinto en el aire



Y el almendro está en flor. Pigmentos blancos inundan los árboles mientras una leve lluvia de domingo empapaba las plantas y mis pensamientos. La primavera se acerca, y con ella el regreso de todo lo que en la naturaleza está vivo y habíamos olvidado en el frio invernal

Nada más despertarme sentí el deseo de pasear entre los árboles, sentir la humedad de la mañana y deambular entre las flores caidas. Es una época espléndida del año, en la que sólo con mirar por la ventana me animo. Asomo la mirada entre las cortinas y s mis pies los almendros me saludan con sus pétalos blancos, mientras que al frente toda la ciudad se alza orgullosa de si misma. Con la primavera comienzan cosas nuevas, se siente la vida más intensa, más latente. El aire huele distinto, y con el aire llegan corrientes de nuevas esperanzas, ilusiones, proyectos y deseos.

Nadie debería dejar pasar desapercibido el cambio estacional. No solo consiste en cambios medioambientales, sino en la constatación de lo bella que puede ser la vida. O más bien en el recuerdo de. Después de un invierno malo, el almendro vuelve a florecer. Ningún mal ni ningún daño nos acompañarán eternamente, o si lo hacen sus heridas acabaran solo en una fea cicatriz. Y sin embargo nos empeñamos en mantenerlos en nuestrma memoria. En primavera recordamos lo que habiamos olvidado, pero nos epeñamos en recordar lo que a veces es mejor olvidar.

Sea como sea, tomando las decisiones y recuerdos que prefiramos, estas fechas me dejan ver otra manera de vivir. Vvivir con el único sentido de vivir, que no es lo mismo que vivir por vivir; sin dejar que el invierno nos tumbe ni arranque todas nuestras ramas, porque en el momento más inesperado el color primaveral nos volverá a inundar los sentidos.



me despido del abrigo :(

8 mar. 2010

Colaboración

Bien, hace dos noches me llegó este correo "anónimo" que me despertó la curiosidad.

Empecemos por las premisas:

Aseveran los sabios que la virtud está en el punto medio, así como el pueblo, a veces sabio y a veces no tanto, dice que la vida da muchas vueltas.

Por último, cualquier técnico afirmará, sin dudar un instante, que el punto medio de un elemento giratorio no se desplaza, ya que se encuentra situado en el centro mismo de la rotación.

Siguen los correspondientes silogismos:

Si no nos desplazamos, no avanzamos y por tanto nos estancamos, y cuando te paras, no avanzas, has muerto. O peor, te has aburrido.

Así que, y he aquí la conclusión, replanteémonos el valor del punto medio y arriesguémonos al cambio de cuando en cuando,

Vivamos



La imágen mental que se me ha formado en la cabeza es la de un carrusel dando vueltas, con el encargado (camiseta de tirantes, gorra vieja y fumando un pitillo) en la caseta central decidiendo cuando se para la atracción. ¿Cuánto hace que no me subo en un cacharro de esos?

El caso es que no estoy muy seguro si se refiere a un eje, como la caseta de este entrañable encargado, o el punto central de un elemento giratorio. ¿Qué más da? pues que ese punto no se desplazará linealmente, pero no parará de dar vueltas. Desde ese punto se podrá tener una visión de 360º, un poco mareante, pero muy amplia. Entonces que, ¿es una cuestión de perspectiva o de movilidad?

Creo de todos modos que el correo estaba más encaminado al valor del riesgo, de apartarse de lo convencional, de la neutralidad, y tomar una decisión. Como se suele decir: se pueden hacer las cosas bien o mal, pero lo peor es no hacer nada. Eso sí, no es lo mismo ser valiente que temerario, pero eso ya es decisión de cada uno.


o no



(click en la imagen, que no muerde)

4 mar. 2010

Nueva entrada


Bien! por fin he recogido los bártulos de la página anterior, los he editado y guardado en mi ordenador. Espero que esta vez no me lo roben. Además, he subido algunos de los blogs que más me han gustado, los que más importancia tienen para mí o los que me han apetecido... Creo que tienen todos la etiqueta de "reciclado" para poder situarlos rápidamente. Porque en esta página funcionan bien las etiquetas! y puedo hacer lo que quiera con ella! (si controlara html, claro)... El caso, es que las he desordenado un poco adrede, porque me he dado cuenta que en parte son un diario de mi vida, y si bien este es el tercer año que me pongo a escribir (o sea, no llevo dos aún, con sus largas pausas en medio) me ha dado tiempo a anotar qué pasaba por mi cabeza en los momentos más importantes. De hecho, a veces no lo eran tanto y me cuesta a mi mismo entender de qué rayos hablaba, o qué quería decir.

Últimamente he ido añadiendo cosas a mi memoria que necesitan ser expulsadas de algún modo. Y mi modo habitual es escribirlas ( o gritarlas por la ventana, pero mi madre no me deja ) A ver si consigo añadir los dibujitos que hago, generalmente en clase, bien en las propias entradas, bien arriba a la derecha donde pone "el garabato de hoy" ¿Qué he hecho tanto tiempo callado? resumir. Intentar expresar con pocas palabras habladas lo que me suele llevar un rato frente al teclado. Y ha sido generalmente desastroso. Puede que no me sepa expresar por escrito, pero de forma oral tampoco se me quiere entender. Lo que no se es con qué regularidad llevaré esto...espero que una vez a la semana por lo menos...y si no,tiro de "reciclado"

En definitiva, ¿qué ha pasado para que organizara esto de una vez y me pusiera a escribir de nuevo? Pues bastantes cosas, pero la más importante de todas, que hoy es el cumpleaños de mi hermano. 24 años y de Erasmus en Grenoble. Imagino (o espero) que ahora está de fiesta, pero espero (o imagino) que leerá esto. Hablando de él, conseguí que mi profesor de lengua en 4º de la ESO se fijara en mí, y leyera algunos de mis textos en todo el curso. Lástima que en 2º de bachillerato me tocara un horror de profesora, pero eso es otra historia. Y la historia que me viene aquí es la de mi hermano: Miguel.

Como todo buen pobre, le regalo algo que es gratis: el recuerdo y las palabras. Afortunadamente con el paso de los años, según la imbecilidad se fue alejando más y más de nuestras hormonas (de forma gradual y diferenciada en cada uno) nos hemos ido llevando mejor. Así ha podido saber historias que no sabe nadie y aventuras que es mejor no contar. Es ese tercer punto de vista. El primero es el de la amiga que te apoya, el segundo es el del amigo que te critica, y el tercero es el de mi hermano. Generalmente el práctico.
Es alguien práctico, y se nota. No lo digo sólo porque sea ingeniero, que también dice bastante de él, sino por como se enfrenta a la vida. Claro está, que a veces de práctico me parece soso. y al contrario, para él de imaginativo estoy pasado de rosca.

¿Pero qué más da? Compartimos genes y media vida juntos, y aunque está a chorromil kilometros (más 2) de casa, mereces que el mejor hermano que tienes (porque no tienes otro) te desee

FELIZ CUMPLEAÑOS

Brrruuummm


Ya está, es el momento de recoger los bártulos, ordenar los apuntes y prepararse para regresar a la actividad. ¿Qué debería escribir ahora? ¿Un resumen del verano, como cuando estaba en el colegio; o quizás una antología de mis expectativas ante mi tercer año universitario? No sé que me espera, me imagino que no será fácil, pero no lo sé. Y tampoco me importa esta falta de control sobre lo que se me viene encima. Aunque me agrade la ficción de controlar lo que pase a mi alrededor, poco a poco he de admitir el caos, amoldarme a él y de vez en cuando divertirme a su costa.

No siempre se tiene la suerte de conocer la situación y poder observarla desde arriba, en vez de intentar moverla desde dentro. No siempre que se sale por la noche te puedes permitir levantarte tarde al día siguiente, y por tanto, exprimir hasta el último segundo. A estas alturas amanece ya hacia las 7:00, y mi carrera contra el sol por llegar a casa ahora está motorizada. Suerte. Hasta qué punto es un factor dominante me confunde. Claramente el esfuerzo personal es primordial. Mi hermano tiene en el corcho de su cuarto (ahora vacío por su erasmus) una nota que dice: "Yo creo bastante en la suerte. Y he constatado que, cuanto más duro trabaje, más suerte tengo (Thomas Jefferson). Además Miguel, mi hermano, personalmente siempre ha defendido que un problema le preocupaba bastante menos cuando estaba en sus manos solucionarlo. Pero cómo tratar todo lo demás, que no es poco, que no depende ni de nuestro esfuerzo, ni de nuestras capacidades, y que es terriblemente determinante sobre nuestras vidas.

¿Esperar a la suerte? Personalmente prefiero no depender de ella, y no pensar en si tengo buena o mala suerte. Yo no soy un muestrario de una estadística, y estar en la mayoría o la minoría de sus resultados me es indiferente. Admito que existe, pero sin ningún motivo en realidad. Simplemente está. La única voluntad superior que conozco ahora mismo es la de mi madre de que recoja mi cuarto de una vez. Y sé, pese a ser reacio a hacer predicciones, que quizás no pueda empezar el curso de una pieza si no la hago caso.

Así que suerte a todos con Octubre! (o no...)

La espina de cada rosa


Me estoy obligando a escribir. Creo que tenía una idea cuando encendí el ordenador, pero se disipó mientras se cargaba. O la idea no era tan buena, o yo soy muy idiota. Lo único que sé es que debo escribir. Cuando consigues expresarte, del modo que sea, los pensamientos se traducen en algo concreto. En la mente flotan los olores, los ruidos, las sensaciones, las voces, su voz... en un desorden tal que puedes estar días intentando atraparlos y mantenerlos quietos. Escribir sobre ello es como ponerle una correa a una mariposa. Y aunque la mariposa se escape, que se escapará, te queda la cuerda.

Me gustaría sacar de mi mente algunos recuerdos, que se mutan en fantasía y nublan mi realidad. Me gustaría apuñalar esa imagen, matarla, pretender que nunca existió, que nunca pasó. Pero no lo puedo controlar, mi mente va por su cuenta y hace lo que quiere porque sabe que, cuando menos me lo espero, esas imágenes me hacen sonreír.

Lucho contra mí mismo y me centro en lo que no me apetece centrarme, pero me conviene hacerlo. Los exámenes son un método de distracción estupendo. Una mente atareada no tiene descanso, tiempo libre que perder. Pero no es la respuesta. Sé que no hay una respuesta, que no hay un modo correcto de hacer las cosas, ni de prevenir lo que nos ocurrirá. No hay plan perfecto, ni idea que no caduque. Entonces qué, ¿vivir el día a día y olvidarse del resto? Sí. O no.

Todo tiene su punto de contradicción, su réplica contraria que tiene el mismo sentido, pero al revés. Lo mismo pasa con las personas, cuyas decisiones pueden contradecirse, sus ideas oponerse cuando la situación cambia. Todo cambia, y adaptarnos a ese cambio supone una serie de dudas. Si no fuera así no estaría escribiendo, buscando la salida al laberinto de mi mente. No he encontrado aún la manera pero saber que cada paso me lleva a la vez hacia el centro del laberinto, y hacia la libertad, me consuela.

Suena enrevesado, lo sé. Pero el mundo, o al menos mi mundo, no es simplemente lineal. Ojalá. Así cuando intentara hablar de las contradicciones de mi cabeza, me costaría menos. Porque a cada frase que escribo, se me ocurre la opuesta. Y no me importa. Convivo con mi caos. Es decir, escribir no me ha dado una respuesta (y quizás leer tampoco), pero sí un consuelo. No me decido, no sé qué opción es la mejor. Pero es que cada rosa tiene su espina.
Enero 2010

Un jersey a rayas


Venecia se queda sin venecianos. La población ha pasado de 120000 a 60000 en sólo 40 años y esto parece ser que se debe a la basura, el elevadísimo precio del comercio y la saturación de turistas. A este ritmo se convertirá en un parque de atracciones definitivo, lleno de gente y vacio de auténtica vida. Y sin embargo ha sido su atractivo turístico lo que la ha mantenido viva. Físicamente sólo he estado una vez, con el instituto. El famoso viaje a Italia que organizan (u organizaban, no lo sé) todos los años para primero de bachillerato. Personalmente me enamoró, y añadió una página más a mi libro de anécdotas personales. Un día escribiré ese libro, en el que se incluirán todas las tonterías que me han pasado, he dicho u oído y escribiré tantos folios que me culparán de deforestar el amazonas.

De Venecia recuerdo, aparte del ruido, el tumulto y el olor, los callejones estrechos, con pasos entre edificios y acceso a patios cerrados. Sólo necesitabas alejarte de la calle principal, andar un poco, y conseguías disfrutar los quiebros y curvas de la ciudad medieval. Entre las casas, y no entre las tiendas, pasamos la tarde, evitando canales y gritos de la multitud. Cruzando coladas de ropa limpia y bajo ventanas abiertas con la radio puesta. Sonaba Gloria.

En Italia además, fui el único tolai que consiguió encontrar pelea en la discoteca que nos llevaron. Con un camionero español. Y aún no sé que le hice, pero se enfadó un montón. Mis amigos dicen que vivo en un mundo de colores, mi padre que vivo en Disney, que creo que todo el mundo es bueno. No sé si esa imagen de inocencia me representa muy fielmente, no soy ningún santo. Y mi mundo de colores ha tenido muchos momentos grises. Gracias a uno de esos momentos grises ( o muy negro )empecé a escribir. En un principio para mí, más adelante para que lo leyera el que quisiera. Porque sí. Es lo más cercano que he tenido a un diario nunca, porque nunca fui capaz de ordenar mi memoria o mis pensamientos. Y siempre he tenido el miedo de llegar a viejo y vivir de los recuerdos. Quizás si pudiéramos vivir cada momento por primera vez y no tuviéramos qué recordar, nos centraríamos más en experimentar. Quizás hay que dejar tranquila a Venecia de una vez.

no?

El hilo fantasma


Hace un par de noches soñé, con total claridad, que adivinaba el pensamiento de un hombre. Concretamente, sabía qué canción pasaba por su mente, y en el momento del estribillo, la canté a la par. Se quedó pasmado. La canción además era” Hey Ya”, y el hombre, el encargado del Café Teatro. Sabía con absoluta seguridad que no me equivocaba, una seguridad que sólo siento en ocasiones conversando con un gran amigo mío. Pero llevamos tanto tiempo juntos, conociendo nuestras estupideces, que no es que sepa qué es lo que piensa, sino que pensamos casi igual. Otras veces intento adivinar y, por la situación, el momento preciso y quizás la posibilidad de que yo esté en ese pensamiento, consigo resultados de lo más beneficiosos. Y generalmente me equivoco estrepitosamente.

Es una cuestión de interpretar silencios y ausencias, de entrever en las pausas de la conversación, o entre conversaciones, las líneas ocultas de ideas pendientes en el aire que se irán desarrollando libremente. Oler el rastro de las palabras no dichas y tejer los posibles caminos de la razón o de los sentimientos que las llevaran a una conclusión cualquiera. Aleatoria, llena de tantos matices y posibilidades que se puede llegar al paralelo humano del “Una mariposa mueve sus alas en Pekin y provoca un huracán en Nueva York”. Odio esto. Mucho. No porque tema no saber hacia dónde se dirigen los pensamientos de las personas, incluso los más caóticos. Me gusta la diversidad hasta el absurdo. Pero me gusta que la gente se exprese y libere sus ideas. Con el medio que sea, no sólo mediante las palabras. Adivinar pensamientos supone hacer conjeturas sin saber cómo de acertadas son las conclusiones. Y pretender que otro te los intuya, volverle loco. Esto es, en ambos sentidos, perder el tiempo mareando la perdiz.

Pero esta vez, quizás influenciado por “la casa de los espíritus” y la naturalidad con la que se trata la interpretación de sueños, la magia, el poder de la mente y el trato con espíritus, entre otras cosas, me di cuenta de que esta vez no me equivocaba. Había adivinado qué iba a pasar, los duendes del sueño habían comunicado a mi favor los hilos de los deseos no expresados y cogí ventaja. Me lo había imaginado, y mi subconsciente me dio un empujón en sueños. No necesitaba marear la perdiz, no necesitaba hacer conjeturas. No necesitaba nada de eso. Sabía qué pasaría y qué hacer para prevenir sus efectos. Era inevitable pero por pura casualidad, por instinto o quizás porque era obvio, me adelanté a lo que se venía.

Objetivamente, fui a ciegas, guiado por no sé qué. Pero realmente me he dado cuenta que muy pocas veces existen razones suficientes que justifiquen o dicten qué hacer. Y que puedes perder demasiado tiempo buscando motivos sin encontrar nunca conclusiones.

Pikolin


Ocurre a veces que los pies pierden el contacto con el suelo, las paredes son el horizonte y, sin que nos demos cuenta, estamos volando. Volando como un pajarillo de aflautada voz, que canta a la salida d la luna. Normalmente no conocemos el principio de la excursión aérea y preferimos no conocer el final. Permiso de aterrizaje por favor.

No pensamos el final del vuelo, porque hasta la fecha, el vuelo accidental solo se ha producido en sueños. Sueños cuyo grado de realidad es discutible, y cuya peligrosidad no se centra en la física y gravitacional castaña que nos podría esperar en un mundo más consciente. En estos sueños en los que nuestra mente despierta, algunos buscan descifrar su elemento generador, el por qué. Parece ser que los sueños en que se vuela tienen una clara connotación sexual. Lo que no sé es que connotación tendrán los sueños eróticos entonces…

Y sin embargo son solo para nosotros, e incluso ni eso. Al despertar olvidamos, casi casi siempre. Recordar un sueño, bueno o malo, es ya una anécdota, y en mi caso, un motivo para escribir un blog. ¿Qué he soñado hoy? Quizás cosas que querria que se hicieran realidad, que he deseado, que deseo o anhelo, cosas que pasaron y añoro, u otras que (creo) jamás sucederán. Todo aquello que nos inunda y nos corroe, desde el recuerdo a la imaginación, va componiendo el universo más o menos difuso, elástico como un chicle mascado, que una vez al dia visitamos. Vivimos un tercio de nuestra vida (salvo excepciones) en unos sueños todo aquello que nuestro ser consciente no se atreve a revelar, aun sin saber si ese ser consciente es el que abarca la realidad. ¿Es la realidad otro sueño individual de cada uno, o una realidad distinta compartida por todos?

Quizás lo descubra cuando, soñador o soñado, recuerde como volar.

Fuerzas vivas


Un pedazo de tierra contuvo en su masa la presión de un pie, reteniendo su visita con el molde de su huella. Un rastro efimero y difuso libre de interpretación para los observadores sobre sus posibles causas. Indicaciones tan leves que jamás serán una explicación de los hechos, que dejan el marco abierto a la mayor de las casualidades. Casualidades que, bajo el halo de luces que emiten los astros, o la luna más polar de esta esfera, puedan hacer coincidir los hilos invisibles que comunican el mundo oculto que visitamos mientras dormimos.

Como si los duendes invisibles que manejaran esta madeja recibieran el impulso para conectar emociones y sentimientos representados bajo la forma de imagenes oniricas. como un cruce de caminos y pensamientos que jamás tendremos el valor de averiguar si es verdad. ¿Se conectarán alguna vez entre sí los sueños? Son una fuerza tan viva como la que hace que las plantas bien podadas crezcan con más fuerza. Ese inconsciente cohibido bajo el día a día que reflota, y en primavera emerge con el fulgor verde y precioso que eclipsa todo lo existente. ¿Cuando es ese sueño tan poderoso que obliga a tomar determinaciones, si al despertar solo encontramos de su gigante presión una leve huella? Quizás pertenecía al hombre de las cavernas, o a un cosmopolita refinado.

Quizás la linea que separa ambos mundos, solo vigilada por el señor de la luna, sea tan fina que es infranqueable. Como un hilo de diamante cuyo reflejo nos permite conocer los brillos más puros, pero su contacto nos corta. Quizás algún dia al despertar, pasemos a la otra orilla y por fin seamos siempre sueño

Simplemente

Hoy hace un dia gris, sin ni siquiera llegar a girar la cabeza del todo una oscura nube me mira tranquila desde su elevada posición. Podria ser un inicio de tema estupendo para hablar de los estados de ánimo, o de la vida, de los entretenimientos...De cualquier cosa, pero en realidad sólo estoy mirando por la ventana. Y hace un dia gris.

Existen cosas sencillas, que son tal como son y buscarle más significados no es más que una pura fantasía. Cuesta admitirlo, pero no todo merece una interpretación más allá de lo aparente. Sin embargo no quiero decir que no por esto sean menos admirables. Son lo que son, geniales, simples, sinceras y magnificas. Sin más. Quién no ha visto una fregona como el objeto más obvio del mundo, o los derechos humanos ese anhelo de sentido común que tanto falta. Quizás no hay verdades absolutas, quizás sólo opiniones generalizadas, pero si tengo que opinar sobre ideas simples y que sorprende pensar que no existieran ya, tengo que remitirme a esto

Kutiman

Historias de la radio


¡Qué invento! Hace poco me había convencido que el mejor modo de encontrar noticias chorras era, sin duda, internet. La última que ha llegado hasta mi es un programa (que aún no he probado ) que según dice estimula funciones cerebrales mediante sonidos infrasonidos y todo el percal....que te droga vamos. No citaré mis fuentes

Drogarse con sonidos me parecía ya una noticia lo suficientemente estúpida pero volviendo a casa la radio me ha facilitado una casi incluso mejor. La sección de noticias, cuando dura apenas 2 minutos e incluye alguna estadística de alguna universidad o centro estadístico desconocido, no tiene desperdicio. Al parecer, y volviendo a las funciones cerebrales, buena parte de las áreas del cerebro que se activan cuando alguien odia son las mismas que cuando alguien ama.

El amor odio no es un mito! está comprobado ahora científicamente (o eso dicen). Resulta que esto se produce porque ambos sentimientos, emociones o como lo llamen, desactivan el juicio y la razón. Amar u odiar es una locura, un acto irracional y estúpido. Amar u odiar van de la mano en tantos aspectos, que nos hacen seguir siendo humanos porque andamos de pie. Ésto me lleva a plantearme un hecho sencillo y quizás predecible. Puede que la gente que quiera o haya querido sean en realidad mis enemigos .¿Quizás mis enemigos me aman sin saberlo?.

Espero que ante mi actual incapacidad para odiar (sí, hay gente que no me gusta, pero ¿odiarles? en absoluto), no sea recíproca. Quizás es que no siento el desprecio o el aprecio con tal intensidad como para perder la razón; que considere tanto la vida como un chiste que a mitad de la historia ya me esté riendo y sea por tanto, incapaz de saltar esa frontera tan bruscamente. Porque esa frontera es como un baile en el limbo intenso y alocado del que nunca se sabe de qué lado se va a caer. Y el golpe al final de la canción nos deja aturdidos y desorientados, pero nunca indiferentes.

Autohistoria autoconclusiva


Hace tiempo que me convencí de que la inspiración hay que buscarla. Si tienes suerte, ella te va buscando con cierta frecuencia si la entrenas. O si la ubicas. Esto es, el asiento 100 de la biblioteca pública, el escritorio de tus padres, la cafetería de la esquina, el parque, el bar de siempre o, como no, el cuarto de baño. Los hay que sólo estudian bajo presión, y los que sólo rinden cuando tienen el agua al cuello. Pues esa es mi situación aproximadamente.

Apenas unas horas después de que la tensión estuviera a punto de hacer explotar mis sesos y esparcirlos por el techo como una mala peli gore, me di cuenta que la sensación iba perdiendo intensidad. De un modo agradable en realidad, al principio, dejando mi cuerpo y mi mente libres y en reposo. Yo que nunca he disfrutado tomando el sol, deseé que ese instante caluroso me acompañara por siempre. Pero se me fue la mano. El globo se deshinchó tanto que el gas que suministraba el impulso vital se disipó por el ambiente. No sólo me costó estudiar, actualizar el blog, dibujar, hacer planes o cualquier cosa que antes, si no la hubiera hecho con gusto, la habría hecho con la celeridad que implica la necesidad. ¿Acaso me he acostumbrado al látigo? ¿O fue tal su azote que cuando paró me quedé inconsciente?

Era tan agradable vivir en un río de días sin sentido, sin olas violentas, sin luchas contra las fieras. La corriente era suave, el sol brillaba y la vida de perfecta era insulsa, tonta e inútil. Parece que me desagrade haber tenido vacaciones de verano, sin tener nada que hacer. Pero el hecho es que SÍ tenía, y tengo qué hacer. Pero no me preocupa dejarlo para los momentos finales; qué demonios, intenté ser responsable antes de tiempo pero me faltaba fuelle. Lo que me molesta es haber tirado los días. Quedarme en la mente, y en la punta de la lengua con el “Y si…”. Y si hubiera hecho todo lo que el año lectivo no me deja tiempo para hacer, explorado lo que no me deja explorar, vivido lo que no me permito vivir. Quizás no me preocuparían los exámenes. Al fin y al cabo, habría sido un verano rentable.

Pero creo que hay una frase Watterson (el que hizo Calvin y Hobbes, vamos) que lo resume bastante bien: There’s never enough time todo all the nothing you want. Y quizás echo de menos ese tiempo perdido, que cuando lo perdí lo disfrutaba. Y quizás nunca se aprovechará el tiempo perdido, sobre todo el tiempo perdido pensando entiempo perdido. Quizás me recrimino antes de tiempo para guardarme las espaldas en caso de que vayan mal los exámenes, o quizás necesito impulsarme de nuevo poco a poco en la rutina diaria y seguir siendo una persona activa y no un vegetal veraniego.

El caminante por el mar de niebla


A veces me sorprende en el cine o en la literatura, como se logra desarrollar las ideas sin escupirlas atropelladamente. Lograr en el tiempo exacto y la cantidad necesaria exponer paso a paso lo que se quiere expresar. Porque hay tanto que decir, tantas melodías que escuchar que últimamente, pensando que estaba descansando, en realidad me hundía en la nada. El reducirme a poco más que un observador de mi propia vida, dejándome arrastrar por los acontecimientos. Y en caso de participar, generalmente equivocándome. ¿Ha sido ese el motivo de que no escribiera durante este tiempo? Quizás el recuerdo de los meses de invierno que, estúpidamente, pretendo olvidar, me lleva a oponerme a ellos. O dejarlos pasar. No sé de donde viene esta desidia, si yo mismo soy incapaz de controlarla.

El día, la noche, no tienen ningún sentido para mí. El sueño se ha convertido en un incómodo compañero. El calendario, una tortura. El paso del tiempo cose mi cerebro al tic tac del reloj, y con cada movimiento del minutero aumenta la tensión. ¿Cuándo seguir el instinto, el placer, el permitirme ser se convirtió en esto? ¿Qué demonios es, la conciencia?.Suficiente tengo conmigo mismo para que mi subconsciente me torture. O me indique

No sea donde quiero llegar a parar. Ni con este texto, ni con los días que se avecinan. Puede que sean un reflejo el uno del otro, pero según dicen, el primer paso es admitirlo. Quizás porque he podido creer siempre a donde iba, o no importarme mucho, sabiendo siempre donde estaba. Cuando ambas han fallado y los días corren delante de mi, acelero.! Encuentra de nuevo aquello que, de solo pensarlo te recorre la espalda y congela el cerebro de un escalofrío. Escribir, pensar, ¿no son ambas una misma y única cosa, hijas gemelas de la inteligencia?

Las posibilidades en este mundo son infinitas, pero encontrar el viento que nos guie es complicado, sino imposible. Dejarse llevar implica un riesgo, que algunos saben llevar, y otros nos hundimos en él. Marcarse metas puede a veces resultar absurdo, y un término medio quizás es imposible. No lo se, no se nada. Pero cuando me paro a pensarlo, me siento mejor, la noche es más noche, y el día tiene todas sus horas. Escribo y el sonido de las teclas es tan real como su tacto, como lo soy yo. Y yo soy algo más que pura carne en reposo pegándose por el calor en el sofá. La ciudad, la vida concentrada, se encuentran bajo mis pies. Y quizás me atropelle la existencia, o mis propias ideas desordenadas y sin educación, pero al menos ya se lo que NO hacer.

Y es no hacer nada, claro

Supervivencia


Armarse de valor. Curiosa expresión que tomaría el valor como un fusil, un Winchester al hombro que en el momento necesario, cuando el oso de enormes dimensiones se situa justo al alcance de su zarpa, se carga, apunta y proyecta sus letales municiones hacia el mamifero en ocasiones bípedo. Un arma, ¿un instrumento asesino? No lo se, quizás no es una cuestión de caceria, sino de impulsos vitales, de miedos. Cazar, asaltar al miedo desde los confines del bosque para encontrarlo acomodado en los rincones más oscuros. Descubrirlo desprevenido y con una corriente de ánimo que surge desde el estómago hasta el último vello, darle la suficiente energía para ahuyentarlo.

Al fin y al cabo, por muy extendida que esté nuestra civilización, este es un mundo salvaje que nos sobrevivirá, así como la humanidad nos sobrevivirá a los humanos. Apuesto por los cambios de ánimo y el ánimo de continuar, pese a que, vistos desde una óptica muy lejana, carecen completamente de sentido. Si al final, no somos nada, y todo se pierde. Para qué tanta molestia en conocernos a nosotros mismos, y a nuestros congeneres? Para qué buscar una felicidad qué no sabemos lo que es aún incluso cuando la encontramos? El mismo tiempo nos da la respuesta, estando en su cuarta dimensión intangible e imparable atravesando la existencia como aquello únicamente real que vendrá a por nosotros. Cruzará el corazón y demostrará, con un grito, que ha pasado de largo.

Espero poder manchar la punta del tiempo, dejar mi huella y aunque, no sirva de nada. Estar ahí. Porque el desánimo me invade. El estrés me lleva por delante y la saturación de las responsabilidades me inclina los hombros hacia delante. Es un asco muchas veces vivir, aguantar y soportar lo que claramente nos perjudica. Es un asco sobrevivir en un mundo sinsentido y atemporal a gran escala. Es un asco y aún así seguimos, y seguiré. Porque pese a que no tenga nada tangible a lo que agarrarme, pese a que sepa que todo algun dia se acabará. Me enfrentaré a la vida y a la experiencia, siendo ésta lo único que acontece realmente, y ataré en los lazos de mi memoria los acontecimientos que el tiempo se quiere llevar consigo

La cuadratura del circulo


De la increíble variedad de posibles acontecimientos que pueden suceder cada día, de los cuales planificamos o prevemos solo unos pocos, entre ellos, el menos probable está el que en realidad si sepamos todo lo que pasará. Que ocurra que todo ocurra, y aun así lo sepamos. Una lógica alejada de la fantasía nos obligaría a descartar esta opción de nuestra agenda. Decidir de primera mano que ésto es imposible. Al fin y al cabo la experiencia nos ha dicho que no. La ciencia nos ha dicho que no. Todo nos dice que no. ¿Todo dice que no? De qué podemos fiarnos que sea más cierto y recomendable, qué opinión puede reglar la verdad. Si una tercera parte de nuestra vida la pasamos durmiendo, ¿no es esta una buena parte de nuestra existencia? Qué tienen de real o irreal, entonces los sueños. ¿Porqué su punto de vista es menos valido?

Y quizás volver atrás en el tiempo para enmendar los errores se quedaría para nuestro subconsciente, tan nuestro como la piel y los dedos que, a veces dirigidos, a veces por voluntad, acarician con torpeza la inteligencia y la razón. ¿Se escribe lo que se piensa o se piensa al escribir? En mi caso ambos me llevan a divagar sobre lo imposible, sobre lo ocurrido. Los errores que te persiguen hasta que tienes mejores recuerdos con los que poblar los sueños. Incluso a unir los acontecimientos, sueltos y dispares, por una madeja de casualidades tan densa, compleja y utópica como desalentadoramente falsa.

Si cada día fuera siempre el mismo que el anterior, si las normas del paso del tiempo no estuvieran para nosotros, si el miedo a las consecuencias desapareciera por la imposibilidad de que realmente ocurran, si no tuviéramos nunca la duda de "Y si hubiera...", si tuviéramos la eternidad reducida a un solo punto o lugar (que más da). Si todo eso ocurriera y nos encontráramos a distancias iguales a un Dios y a la locura, y el miedo a lo imprevisto estuviera ya planificado, quizás entonces la eternidad podría reducirse a un suspiro y el amor de una noche ser interminable. Podríamos entonces ver bajo nuestros pies lo eterno, yendo de salto en salto por lo efímero y seguir este camino con la vista al frente hacia lo indescriptible.

El origen de todo

Entre todos los trastos, papeles, libros y dibujos que hay en mi cuarto, guardo un objeto muy preciado. Es un simple bloc de notas, tan pequeño como un puño, discreto y elegante. Cayó en mis manos y permaneció en blanco hasta hace un año. Porque hace un año(el día que se recuerda cuando los madrileños se levantaron contra los franceses) la enfermedad, la vejez, el hastío por la impotencia que provoca la demencia, los esfuerzos agonizantes contra un dolor intenso y constante, insoportable, incurable; un dolor que provocaba gritos, llamadas a personas hace mucho inexistentes, llamas de sufrimiento ardiendo en las interminables noche de una oscura residencia... borraron recuerdos, borraron ilusiones, borraron las ganas de vivir.

Hace un año, sucedió lo único que es inevitable. Una llamada de teléfono, de la que no escuche nada y comprendí todo. Antes de que mi padre colgara, su silencio desvelaba lo ocurrido. Y yo me quedé en casa. No podía ir allí a despedirme como es debido por el maldito acceso a la universidad, no podía hacer nada más que recordarla en silencio. Y empecé a escribir en mi bloc, en su honor, en su homenaje y en su recuerdo. Con la intensidad y la fidelidad que se le debe a quien no está, pero aún quieres, le rendí mi despedida.

Desde entonces escribo, cuando no se con quien hablar, cuando no se a quién decirle las cosas más que a mi mismo escribo. Hace un año me despedí de ti en privado, con la mayor sinceridad que permiten las palabras. Hoy me vuelvo a ver aquí, sin poder ir a Madrid a recordar una parte de mi infancia, a entregarte con la vehemencia que te mereces un triste ramo de flores. En su lugar te escribo de nuevo, me escribo, escribo a quien lo lea por este horrible aniversario en el que por fin, dejaste de sufrir. Adiós Pepa. Adiós abuela.

Sin título

Crecer , llorar, reir, sentir, y el que pueda quizás, amar. Desde su carácter más mundanal o hasta el que llevó a orfeo a bajar al mismo infierno a recuperar a su amor perdido. A veces todo a la vez, a lo largo de una vida o en 120 minutos. Conjunto caótico como lo es la locura de vivir. Sin mirar atrás, quizás sólo cuando el encanto de los amigos te ayuda a continuar, a luchar sin que el mundo parezca que gire para unos, mientras el mundo da vueltas sin parar para el resto de la humanidad.

Y que mejor causa, sino, para escribir.

Hereje!!


Me sorprendió en la calle ayer no la lluvia, sino cuando escampó. Estaba de tránsito de un recado a otro cuando sentí el calor de un rayo de sol que se escapaba entre los edificios. Un rayo agonizante y de última hora de la tarde que poco más duraría. El suelo olía a húmedo, a vida radiante de alegria que conseguía que el tráfico apenas me molestara, tan ensimismado como estaba.

Muy a mi pesar segui caminando para terminar mis recados. En definitiva tenía que visitar a 3 amigos. Uno nuevo, uno de mi infancia y otro de toda la vida. 3 casas, 3 vidas y 3 situaciones distintas que se han cruzado con la mía.La tarde incitaba cada vez más a ponerse a recordar.

Recordar todos aquellos momentos con gente con rostros difusos, nombres abstractos que se funden en la memoria. Aquellas otras vivencias sólo superadas o empeoradas con la persona que se vivieron. Amig@s y compañer@s fugaces, de un curso, un verano o una noche que toda la tecnologia del mundo no son capaces de juntar de nuevo y conciliar un momento como el compartido.

Recuerdos olvidados, de gente que te olvida y es mejor olvidar.La noche se acercaba y me fui dando cuenta, en el regazo de la luz fluorescente (pues las noches hace tiempo que no son oscuras), de como no era necesario este recuerdo. La gente se va, otros vuelven. Un amigo se pierde y no se entiende por qué. El cariño se anquilosa y se pierde en el fondo de un baúl lleno de polvo...pero todo se renueva, como cada noche al dormir la esperanza se renueva, los espiritus descansan y se vuelve a vivir.

Los compañeros de siempre y los que tienes en este momento son lo único válido. Anclarse en lo vivido es esperar que llueva para siempre, pasar frio bajo la luna y morir de hambre. Por eso todo lo ocurrido en mi vida pierde importancia.
Dejo el pasado para los abandonados, para los melancólicos y los poetas. No se puede vivir del recuerdo ni vivir sin recordar. Pero yo prefiero, simplemente, vivir.

Viajero nocturno


Nunca había esperado al bus como hace un par de días. Acabábamos de dar una visita cultural por la ciudad y nos disponíamos a volver a casa. Empezaba a llover, la ciudad olía a gris y la multitud se resguardaba. Un poco de agua, fría y dispersa, para refrescar las ideas. Sin embargo el autobús se retrasaba y mi mente empezó a divagar sin ningún orden concreto. Una lástima, porque en ese mismo instante me cogieron desprevenidas las preguntas de un curioso desconocido.

Ojos azules, pelo blanco y acento inglés. Un tipo largo y delgaducho que, movido por la curiosidad me tocó la espalda y pregunto: Qué pone en tu chaqueta?. Creo que era la cuarta vez que me lo preguntaban ese dia, asi que respondí amablemente y me di la vuelta a seguir mirando si el autobús me dejaría mucho más tiempo bajo la lluvia que, aunque agradable a los sentidos, empezaba a dejarme helado de frio. El hombre de los ojos azules y acento inglés esperaba a mi lado, sin molestar, cuando de repente suelta la bomba:

¿Tu crees en Dios?. La pregunta de por sí es dificil, y suele despertar muchas otras preguntas igual de difíciles. La primera que me vino a la mente fue: porqué me preguntas esto en la parada del autobús? Mi respuesta fue un estándar del agnosticismo, resumido y respetuoso, y precavido. Insatisfecho por mi respuesta me contó su historia, de cómo había descubierto el amor de Dios en el 73, y no de una religión lo que consideraba podría ser mentira. Ese hombre me dejaba cada vez más sorprendido. Yo que pensaba que la lluvia incitaba a meditar, ahora me doy cuenta que no es comparable a la conversación de un desconocido.

El hombre del acento inglés me planteó desenfadadamente, con una despreocupación casi demente un gran dilema. Supongo que un dilema más personal que nada en el mundo, un dilema que nadie puede explicar por tí, y que ni siquiera alguien se podría explicar a si mismo. Sensaciones, experiencias y la certeza de algo superior, de un amor supremo siempre presente, supongo que eso es la fe. El hombre me sorprendió, me recordó lo que aún son para mí dudas sin resolver y que no resolveré quizás. Pero de repente volvimos al mundo. Vuelta a la calle mojada y los coches rodando, pasando, gritando. Vuelta del breve coloquio teológico cuando su autobús llegó.

Sus ojos azules tenían prisa, el fiel también cogía el autobús. El enajenado aspecto que desprendía se hacía cada vez más firme, pero su voz pronunció al despedirse, entre brincos y empujones, lo mejor de la conversación. Lo único que me demostró que no era un loco, que sabía donde estaba, que sabía para qué vivia, y que entre nosotros había muchas más cosas en común de lo que creia. Corriendo, pues el autobús se iba, mirándome sin mirar se despidió de una manera tan maravillosa como se presentó:

Sé feliz