20 jul. 2010

Como contínuar una historia si no sabes como empezarla

El calor del atardecer, la suave luz anaranjada, y la brisa veraniega que acariciaba los campos siempre le adormecían. El desierto multiculor, preparado para la siega, se extendía hasta donde ninguna cerca podría ponerle límite, y caminar entre los altos tallos se convertía en el más complicado de los laberintos de jardín francés. Últimamente sentía como el calor le cansaba antes, le costaba más levantar las herramientas, y sentía menos la necesidad de trabajar. Se hacía viejo, por fín tenía una familia que le cuidara, unos hijos que se pusieran al cargo y empleados jóvenes dispuestos a soportar el trabajo por semejante sueldo. Llegaba el verano, y la vida era fácil.

¿quién se arrepiente?

Hacía demasiado calor ahí dentro. Las luces de neón, el humo de tabaco concentrado que inundaba sus pulmones empezaba a marearle. Las prostitutas del garito llevaban el mayor número de colores posibles en tan poca cantidad de ropa, preparadas para cazar al incauto, o al borracho, o a los dos. Él era un borracho y un incauto.
Ultimamente sentía como el calor de una mujer le cansaba antes, que le costaba más levantar la herramienta, y sentía menos la necesidad de pagar. Aún no era viejo, no tenía familia, ni hijos, ni un empleo que pudiera soportar. Llegaba la mañana, y aún se sentía dueño de su vida.

¿quién se arrepiente?