16 abr. 2010

La última frontera


Tengo una muy buena amiga a la que también le pica de vez en cuando el gusanillo de escribir. Lo hace cuando quiere y porque quiere pero, al contrario que yo, se lo guarda para sí misma. No publica nada. ¿Acaso es una obligación? pues claro que no. Ciertamente yo escribo para mí mismo. En alguna ocasión he dedicado una entrada, me he referido a algun amigo o familiar e incluso he querido encaminar lo que escribo a ciertas personas. A mi me sirve para recordar lo que se me pasaba por la cabeza en ese momento, y también para jugar al gato y el ratón, a ver si alguien sabe a qué o quién me refiero. Cuando era más pequeño iba dejando folios escritos por todos lados (ahora también, pero son mis apuntes) que, sutilmente, mi madre iba fisgando cuando creía que no me enteraba.Ante la evidente falta de intimidad del hogar, al final escribo abiertamente. Es una decisión que tomé por determinadas circunstancias,quizás para saber si sería capaz, pero que hasta la fecha me ha ido bien. A veces más motivado, a veces en el pozo más oscuro de mí mismo.

Existe una ligera necesidad de investigar. Una curiosidad sana de explorar lo desconocido, tanto en lo que nos rodea como en nosotros mismos. Como si al estar sentados durante demasiado tiempo, el suelo empezara arder y nos quemara el culo. Con ese espíritu nos planteamos nuestros retos, mayores o menores, desafiando nuestra propia valentía. Por ejemplo mi padre aprende ahora a cocinar, mi hermano se ha ido a francia y mi madre ha empezado a hacer sudokus...¿Quién quiere estancarse? Durante esta semana, mi amiga ha vivido su semana feliz. Su mente volvió de la semana santa con una nueva estructura, las ideas más claras y la sonrisa pegada a su cara. ¿Qué hizo? no lo sé, pero funcionó. Por el contrario yo he estado en una semana gris, en la que los dias se me escapaban y me quedaba embobado mirando una lámpara. No es que me disguste; después de unos inviernos tan largos te acostumbras a que la lluvia traspase el cerebro. Sin embargo necesitaba un poco más que la propia vida contemplativa y cogí la carretera.

Desde hace un tiempo, hago "prácticas de conducir". Me alejo lo más posible de la civilización, o sea de Valladolid, mientras se me aclaran las ideas. Da igual la hora, día o noche, llueva o granice. Si me hace falta, me hace falta. Cada día un poco más lejos, cada vez a un sitio distinto. Empiezo a conocer bastantes pueblos de la región, e incluso he aprendido a cogerle cariño a la meseta. Siempre fantaseo con que no volveré, seguiré recto y continuaré mi exploración más allá de la comunidad, donde no se llegue en una sola tarde y así expandiré mi limite y mi valor. Quien sabe, algún dia. Por ahora me conformo con el paseo con el que sacudo las nubes que cubren mi alma y no me dejan ver el sol.

Cada cruce es una decisión, un paso más a la aventura. Cada pequeña acción puede suponer un riesgo y cada pequeño riesgo nos supone un soplo de aire fresco. Aunque sea hacer algo repetitivo, o empezar algo nuevo, deberíamos ver el mundo como si no lo hubiéramos visto nunca. Verlo y admirarlo como niños. Jugar inocentemente con las sombras que no sabemos si son peligrosas y adentrarnos hacia rutas salvajes.

7 abr. 2010

Tokio Blues


Ha sido intenso. Me he distanciado de lo que realmente tenia que hacer (académicamente hablando) pero en 24h me ha dado tiempo a hacer bastantes cosas, incluidas ir a la bolera y leerme Tokio Blues. No se que es peor: si hacer una crítica de la novela, porque la destrozaría, o decir sólo: me ha gustado. Opto más por lo primero ya que me ha dado pie a volver a escuchar el Kind of Blue de Miles Davis... una y otra vez. Creo que era el mejor ambiente para la situación. Curiosamente también lo era para el protagonista en varias ocasiones. Me ha dejado con varias referencias literarias que quiero echarles el guante (eso si, cuando tenga otro rato de libertad). No puedo leer a ratos; o devoro un libro o no lo toco. Y creo que me pasa lo mismo con las personas, me cuesta funcionar a un 50%

Si en algo me ha sorprendido ha sido en su manera de relatarlo. Sabemos que ha llegado a los 38 años, y nos cuenta que le pasó en un periodo de escasos 3 años...todo lo demás es desconocido. Sigue vivo al menos. En algunos pasajes más melancólicos de deambuleo y pura nostalgia, se detiene hasta el minimo detalle. Y en otros apenas los menciona de pasada. Pero lo genial para mí es como suelta un acontecimiento importante (una muerte, un primer beso) absolutamente de golpe para que, mientras aún te estás recuperando del shock, te empiece a llenar la intriga de qué demonios pasó. A veces resulta oscuro e intenso pero a la vez vacio. En un proceso en declive, pero aparentemente normal, que comienza con la demencia más hermosa que he conocido nunca. Con giros tan chocantes como la forma de contarlos. Incluso el sexo, tan latente en este libro es capaz de describir cómo y con quién las relaciones humanas son tan diferentes. Cómo pueden entrar en un laberinto vital hasta ahogarse a sí mismas.Me pareció mucho tiempo esclavo de sí mismo, de su libertad y sus decisiones. La vida y la muerte y el sexo y el amor y el recuerdo acaban decidiendo. Sin control.


Claro que esta es mi impresión, cada uno en un libro ve una cosa diferente, se ve a si mismo de forma diferente.